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Timoratos

Nuestros candidatos salieron buenos para proponer, en su mayoría, ocurrencias y usar la diatriba como principal herramienta para penetrar en el electorado, pero de propuestas no hay nada o son escasos los planteamientos.

En la madre de las elecciones, los candidatos y partidos, le han quedado a deber a Tlaxcala y su gente, pues resulta que solo 2 de los 193 aspirantes a diputados locales, propusieron y solicitaron la celebración de un debate entre sus adversarios. Es decir, menos del 2 por ciento de quienes pretenden llegar a la Cámara de Diputados local quieren y buscan el intercambio de ideas entre sus contendientes.

Hay que tener claro que si bien, los debates, el desempeño y el resultado que se obtenga en éstos, no definen triunfos, son  un ejercicio democrático que sirve al electorado para conocer la oferta política de todos quienes aspirar representarlo.

Los debates permiten a los votantes la posibilidad de observar cómo se desenvuelven sus candidatos, especialmente en un contexto de gran atención pública por su mayor audiencia en comparación al resto de acciones de comunicación electoral y por el amplio volumen de información mediada que producen. También se ha relacionado el análisis de los debates con la teoría del manejo o imposición de temas de agenda pública y la competición para atraer la atención de los medios hacia aquellos temas que se desean tratar. Su influencia se fija desde el primer momento en el que se anuncia su celebración, estableciendo un escenario en el que los partidos compiten por colocar sus temas entre los puntos de la agenda mediática y pública, de manera que sean los principalmente abordados en el debate.

En otro momento y espacio, no el de Tlaxcala, porque aquí partidos y candidatos nos han quitado esa oportunidad,  los debates electorales son elementos centrales de las campañas por la amplia atención que generan y la posibilidad de cambiar la orientación del voto, aunque la intensidad de su influencia en el comportamiento electoral no está comprobado de manera científica.

Pero aquí, insisto, solo dos de las 193 fórmulas de candidatos que compiten por un espacio en el Congreso del estado se mostraron dispuestos y solicitaron la realización de un debate público, lo que evidencia la falta de cultura entre los aspirantes a legisladores para confrontar ideas y propuestas.

De acuerdo con la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales para el estado de Tlaxcala, la única obligación que tiene el ITE para organizar y regular este tipo de encuentros es en la elección del titular del Ejecutivo local, en el resto de los cargos, es a petición de los candidatos.

Dicho ordenamiento, en su numeral 179 establece que el ITE, a petición de los partidos políticos o de los propios candidatos que  así lo decidan, podrá  organizar debates públicos y apoyar su difusión, pero no establece la obligación de realizarlos.

El pasado 7 de junio venció el plazo para que e ITE recibiera solicitudes para la realización debates, ya que de conformidad con los lineamientos en la matera, la solicitud “deberá realizarse hasta 20 días antes del cierre de campañas (que son el 27 de junio)”.

Pese a la normatividad, les puedo asegurar que no habrá ningún debate, porque nuestros candidatos resultaron buenos para enjuiciar, para las ocurrencias y para prometer lo que no será, pero para debatir y confrontar ideas, eso mejor ni hablamos.

 

Juan Luis Cruz
Juan Luis Cruz
Juan Luis Cruz Pérez. Originario de Teziutlán, Puebla. Egresado de la Universidad del Altiplano, ha laborado en diversos medios de comunicación impresos y electrónicos. En dos periodos ha sido presidente de la Unión de Periodistas del Estado de Tlaxcala.

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