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Ganó el hartazgo social

El hartazgo y el enojo con el sistema actual y el partido en el poder propiciaron ayer la segunda transición democrática del país, con el inminente arribo de Andrés Manuel López Obrador a la titularidad de la presidencia de México.

Cerca de 50 por ciento de los ciudadanos que acudimos a votar en los comicios de este domingo eligieron al tabasqueño como el próximo mandatario. Pero no solo eso, el efecto de López Obrador puso “patas para arriba” al sistema político estatal, con triunfos a favor de Morena, PT y PES en distritos electorales locales que ni ellos mismos se imaginaban.

Y de paso, arrastró a unos candidatos, bastante balines, al triunfo. No se engañen, no fueron los postulados a las diputaciones locales y federales, ni a la Cámara de Senadores los que ganaron, sino que fue la imagen de San Andrés y su indicación del voto parejo, lo que hizo ganar a los suyos.

No hizo falta esperar a tener resultados oficiales. Tras conocerse las primeras encuestas de salida, los dos adversarios principales del tabasqueño, Ricardo Anaya y José Antonio Meade, reconocieron la derrota y lo felicitaron. Coincidió con los que piensan que si hace 18 años el país decidió poner fin a la hegemonía del PRI después de 70 años, ahora exige una transición, un cambio de régimen tras dos décadas de alternancia entre los partidos tradicionales.

El triunfo de López Obrador es la constatación de que el país exige a gritos un cambio. El hartazgo y el enojo con el sistema actual han podido más que cualquier otro factor. Fue un voto de castigo al PRI y sus excesos, en especial, por los actos de corrupción que tanto han lastimado al pueblo como la inseguridad.

México ha dado en las urnas la espalda al legado de Enrique Peña Nieto –con su candidato a cuestas- y ha rechazado el cambio que proponía Ricardo Anaya.

Y eso benefició a muchos de los grises candidatos morenistas, que nunca los vimos y de verdad, permítame expresar mis dudas sobres sus cualidades.

Pero también les dio una dura lección a candidatos de la soberbia, esos que crearon su imagen amparados en el poder público; y también, en hacer y deshacer a sus anchas, sin importar los efectos de sus actos.

Ellos, entre los cuales están los legisladores que aspiraban a la reelección, se van a ir mucho pero mucho muy lejos, porque no pudieron revertir el rechazo popular. El empecinamiento de no permitir el arribo de sus suplentes y legislar a su beneficio personal, también les cobró facturas.

Ahora, López Obrador deberá concretar cómo acabará con la corrupción más allá de la honestidad que promulga y tendrá que definir un plan para reducir los niveles de violencia.
México afronta desde este lunes una nueva era. Un desafío que trasciende a un país de 120 millones de personas, que ha decidido abrir la puerta del poder a la izquierda. La tercera fue la vencida

Pero el bono democrático y la expectativa con la que llega López Obrador son altos, aunque también peligrosos. Le exigirán resultados pronto.

Ganó la democracia, pero mucho fue por el hartazgo social.

 

Juan Luis Cruz
Juan Luis Cruz
Juan Luis Cruz Pérez. Originario de Teziutlán, Puebla. Egresado de la Universidad del Altiplano, ha laborado en diversos medios de comunicación impresos y electrónicos. En dos periodos ha sido presidente de la Unión de Periodistas del Estado de Tlaxcala.

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