El Sexto Informe de EPN, una visión sesgada de la realidad: Lorena Cuellar
4 septiembre, 2018
Reciben policías de Huamantla apoyo económico por detener a delincuentes.
5 septiembre, 2018

Mal inicio

Lo que mal empieza mal acaba y aunque parecía que las cosas serían distintas, no tardamos ni una semana para darnos cuenta el nivel de nuestros flamantes diputados, quienes ya enseñaron el cobre.

Reza un refrán que más pronto cae un hablador que un cojo, y así están nuestros diputados, quienes más tardaron en jurar que respetarían y harían respetar las leyes cuando ya se pasaron por el arco del triunfo sus ordenamientos internos.

A los integrantes de la LXIII Legislatura local, al parecer, poco o nada les importa el quehacer parlamentario; legislar es su principal función, la cual, creo, han dejado para un segundo o quizá tercer plano

Ellos andan más preocupados por el reparto del bacanal de los espacios del Congreso local, en el que por cierto Morena ya les lleva mucha ventaja en eso del agandalle, así como en la lucha por la integración de las 24 comisiones ordinarias, que en cumplir con la ley.

Resulta que a los flamantes diputados y a sus sesudos asesores se les pasó la obligación legal que tenían de emitir la víspera su programa legislativo para el primer periodo ordinario de sesiones. La rebatinga por el billete y las posiciones cegó a los congresistas, que no se dieron cuenta que en la segunda sesión ordinaria –ocurrida este martes- tendrían que aprobar su programa legislativo, que es el eje rector de los trabajos parlamentarios.

Vale la pena recordarles o enseñarles a los diputados, por si no lo saben, que la Ley Orgánica del Poder Legislativo establece que para cada periodo de sesiones, conjuntamente el presidente de la Mesa Directiva y de la Junta de Coordinación y Concertación Política elaborarán un programa legislativo, que establecerá las prioridades de los asuntos del Congreso del estado durante el periodo; las iniciativas a presentar; los dictámenes pendientes de discutirse, y los asuntos que debe conocer el Congreso del estado en materia de cuenta pública y de responsabilidad de servidores públicos.

Además, de manera puntual, el numeral 72 de esta norma establece que, el programa legislativo se someterá a la aprobación del pleno a más tardar en la segunda sesión ordinaria de cada periodo de sesiones, que ocurrió ayer, aspecto que ignoraron y violentaron nuestro congresistas, todo por su lucha intestina por espacios de poder y control.

Lo que mal empieza mal acaba, ojalá nos equivoquemos por el bien de Tlaxcala, pero recuerdo con suma preocupación la columna de mi compañero de mil batallas David Rodríguez, en la que advertía, cuando estaban en funciones la anterior legislatura, que: “estamos mal, pero podríamos estar peor (con los legisladores que llegaron)”.

Al margen:

A propósito del Legislativo, ayer el gobernador Marco Antonio Mena Rodríguez trazó la ruta que tendrá con el Congreso local y sus diputados, cuando decidió nombrar al ex coordinador de la bancada priista en la LXII Legislatura local, Arnulfo Arévalo Lara como su enlace legislativo del Poder Ejecutivo.

El mandatario creo oficialmente esta figura, con la cual, el trato será así, oficial y con su representante. Hasta este martes, los diputados locales no han tenido ninguna reunión con el gobernador; su relación ha sido fría y distante, una verdadera división de poderes. Es más, será hasta este miércoles cuando la comisión de cortesía del Legislativo se reúna con Marco Mena para notificar el inicio de la nueva legislatura y de la integración de mesa directiva.

El gobernador hace bien crear esta figura, pues en antaño cada mandatario tenía a su personero con los diputados; Alfonso Sánchez Anaya tuvo en José Antonio Rosas Lezama, en una primera etapa y a Ricardo Olivares en una segunda, como sus enlaces y operadores con los legisladores, que gran parte de la relación se dio a partir del “impulso parlamentario” que el primer mandatario de oposición les daba.

En el sexenio panista de Héctor Ortiz Ortiz, fue igual o peor la relación de interés, pero lo hizo a través del priista y hoy vendedor de muebles Enrique Padilla Sánchez; mientras que  Mariano González Zarur usó a Mauricio Rugarcia como el promotor de esta relación de intereses entre Legislativo y Ejecutivo.

Esperamos que la nueva relación sea distinta y se base en el interés de los tlaxcaltecas, esos que dicen defender los impolutos nuevos inquilinos de la calle Allende número 31 de la capital del estado, atendiendo a las máximas de esa mayoría que son no robar, no mentir y no traicionar.

Juan Luis Cruz
Juan Luis Cruz
Juan Luis Cruz Pérez. Originario de Teziutlán, Puebla. Egresado de la Universidad del Altiplano, ha laborado en diversos medios de comunicación impresos y electrónicos. En dos periodos ha sido presidente de la Unión de Periodistas del Estado de Tlaxcala.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *