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Avance de las mujeres para ser reconocidas.

El pasado viernes 8 de marzo se conmemoró el Día Internacional de la Mujer; pudimos observar diversas expresiones en torno a la conmemoración; desde felicitaciones que no vienen mal si aluden al avance que indudablemente hemos tenido las mujeres a lo largo de poco más de nueve décadas de lucha por ser reconocidas como ciudadanas, hasta marchas que promovían la defensa de algunos derechos. Realmente el origen de la conmemoración es ese, recordar las luchas incesantes de muchas mujeres que desde 1791 en Europa demandaron que se reconocieran nuestros derechos.

Una de ellas, Olympia de Gouges escribió la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana en 1791, que ha sido considerado como el más brillante y radical alegato en favor de las reivindicaciones femeninas, en ese documento, reclamó un trato igualitario de la mujer con respecto al hombre en todos los aspectos de la vida, públicos y privados: el derecho de voto, de ejercer cargos públicos, de hablar en público sobre asuntos políticos, de igualdad de honores públicos, de derecho a la propiedad privada, de participar en el ejército y en la educación e, incluso, de igual poder en la familia y en la Iglesia. Este acto le valió ser acusada de “intrigas sediciosas” y ser guillotinada[1].

La conmemoración del 8 de marzo, tiene un origen revolucionario, de lucha de muchas mujeres que desde 1791 exigían el reconocimiento de nuestros derechos como ciudadanas. Dos procesos de lucha incentivaron esta conmemoración, por un lado, la revolución de 1848 en Alemania y por otro, la Convención por los Derechos Civiles en 1857 en Estados Unidos, en la cual las mujeres reclamaban su reconocimiento como ciudadanas; la participación en el ámbito político a través del derecho al sufragio y acceso al trabajo en mejores condiciones.

De tal manera que esta conmemoración alude a la gran lucha de las mujeres, por las mujeres para ser reconocidas como ciudadanas sujetas de derechos. Por ello, no caben los esencialismos para reconocer la abnegación, el sufrimiento o el sacrificio que lejos de vigorizar la idea de nuestra gran fuerza que como colectivo poseemos para reivindicar nuestro derechos, reproducen los estereotipos y roles tradicionales en los que se sostiene esta sociedad patriarcal que tanto daño y sufrimiento nos ha representado y que ha limitado nuestro desarrollo pleno.

Aunque son indudables los avances en nuestras condiciones de vida_ debo decirlo_ producto de la lucha de las mujeres y no graciosas concesiones_, las demandas exigidas en la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, continúan vigentes en la actualidad. Sin duda, a partir del establecimiento de la paridad de género como un principio constitucional en nuestro país, actualmente la composición de la cámara de diputadas y diputados cuenta con 48.2% de mujeres, y la de senadoras y senadores con 49 % de mujeres, lo que ubica al Congreso mexicano como el tercer parlamento con mayor número de legisladoras en el mundo de acuerdo con el Índice de la Unión Interparlamentaria. En once entidades federativas, las mujeres rebasan el 50% de la representación, Tlaxcala entre ellos y en cuatro entidades los congresos son estrictamente paritarios. No obstante, el costo que deben pagar las mujeres que deciden participar es muy alto, en 2018, 36 mujeres fueron asesinadas en el Proceso Electoral y una gran cantidad de ellas fue víctima de violencia.

Asimismo, la falta de democratización del espacio familiar se refleja en una gran desigualdad en el número de horas que dedican al trabajo no remunerado unas y otros, de acuerdo a datos de la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo 2014 realizada por el INEGI, los hombres destinan 12.4 y las mujeres 28.8 horas a la semana a este trabajo. En el trabajo para el mercado o remunerado, el número de horas semanales registrado por los varones es el triple respecto a las mujeres.

De tal forma que aún enfrentamos retos importantes en cuanto a hacer efectivos los derechos de las mujeres, entre otros, la pobreza, la falta de acceso al trabajo remunerado en igualdad de condiciones que los hombres, a la educación, a la salud, a hacer efectivo el derecho que tenemos a decidir sobre nuestros cuerpos y erradicar la violencia que padecemos en todos los espacios a lo largo de nuestra vida. Por ese motivo, el Día Internacional de la Mujer es una buena oportunidad por un lado para recordar que los derechos de los actualmente gozamos han sido logros de una larga lucha de nuestras antecesoras y, por otro lado, en consecuencia, para asumir nuestro compromiso por continuar para lograr que nuestros derechos se hagan efectivos.


[1] Igualamos para caminar al lado. Consultable en: https://igualamos.wordpress.com/2012/10/26/declaracion-de-los-derechos-de-la-mujer-y-la-ciudadana-olympia-de-gouges/.

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