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10 de mayo, una celebración de mayor arraigo.

En México una de las celebraciones  de mayor arraigo es el día de las madres. CIMAC informó que esta iniciativa surgió en 1922  como una medida política para contrarrestar las iniciativas liberales que sobre educación y salud reproductiva se promovían entre las mujeres desde Yucatán. En un contexto de ideas revolucionarias, en esa entidad gobernada por Carrillo Puerto, en la que destacó la influencia del congreso feminista de 1916, se promovía entre las mujeres el control de la natalidad como una forma de promover su autonomía.

            Podría resultar curioso que a lo largo de la historia encontremos intentos como éste que continúan hasta nuestros días, en una pretensión de controlar o decidir por las mujeres, como ejemplo, a interrumpir legalmente un embarazo por las causales previstas en la ley; desde una óptica moral o religiosa se pretende supeditar la libre determinación de las mujeres; no obstante, no es un dato curioso, sino el resultado de una cultura patriarcal, es decir, de una forma de organizar la sociedad en la que las mujeres ocupan un lugar subordinado y son percibidas y construidas socialmente como un ser para otros.

            La celebración del día de las madres, se circunscribe en un contexto de cambios, en el que el medio de comunicación local utilizado en Yucatán llamado “La brújula del hogar”, mediante el cual se promovían ideas e información que servía a las mujeres para tomar decisiones que les ayudaran a mejorar sus vidas, llamado “folleto criminal” por parte del sector conservador, para contrarrestar estas ideas se instituye el día de las madres y entre otras acciones se organizan movilizaciones en las escuelas de educación básica en las que se promovía el amor filial y el levantamiento de “un monumento  de ternura a la que nos dio el ser”. Esta campaña tuvo éxito, porque en gran medida respondía y lo sigue haciendo, a la idea esencialista, estereotipada que se apega a los roles asignados de manera tradicional a las mujeres.

En 1932, con el apoyo del periódico Excelsior se construyó el monumento a la madre, inaugurado por el Presidente Adolfo López Mateos como parte de esta estrategia de ensalzar una idea de madre, abnegada, sumisa y cuya principal misión era ser madre, hasta que en el 1979 en un contexto de inconformidad por estas ideas, el movimiento feminista realizó un mitin en este monumento en el parque Sullivan, promoviendo la modificación de estas ideas esencialistas sobre las mujeres; en 1991 este mismo movimiento impulsó la colocación de una placa con la leyenda  que decía “Porque su maternidad fue voluntaria”[1].

Como lo señala Marcela Lagarde en su libro Los Cautiverios de las Mujeres[2], la maternidad es uno de los mecanismos de opresión de las mujeres, ya que el desempeño de este rol, le condiciona a “ser para otros” lo que se traduce en anteponer siempre y en todo momento sus aspiraciones y derechos al cumplimiento de todas las exigencias de su rol como madre. Le confina a ser madre en todos los espacios y etapas de su vida, lo cual la limita en todo lo demás.

En su libro, Marcela Lagarde construye una categoría a la que llama “madresposas”[3] que alude a la idea de que las mujeres tienen como meta única y fuente de realización ser madres y esposas, a la vez, como vía única de felicidad. La maternidad es concebida como un acto heroico, a costa de su salud, bienestar, derechos, desarrollo personal y profesional, que la lleva incluso a sacrificar su vida. Su labor es ejercer la maternidad aún sin tener hijos, ya que maternaliza todos los ámbitos en que se desarrolla: la escuela, el espacio laboral, ya que su labor como madre cuidadora se extienden a estos lugares.

Por lo anterior, no es extraño observar que en las celebraciones del día de las madres, escuchemos canciones que ensalzan la maternidad como sinónimo de sacrifico y abnegación, se premian estos atributos que van en detrimento del pleno desarrollo de las mujeres, van en contra del ejercicio de sus derechos y observamos que los proyectos de vida de éstas van de la mano con la de sus hijos e hijas, porque se les constriñe a que no hagan uno propio con sus deseos e intereses que tienen como personas.

Es necesario modificar estas ideas, las mujeres ante todo deben ser reconocidas como personas sujetas de derecho, quienes deben contar con la libertad de que la maternidad sea un acto voluntario, elegido y que sea desarrollado en corresponsabilidad con la pareja cuando se decida hacerlo también en libertad. Nos corresponde socializar nuevas ideas sobre los estereotipos y roles de género, no eduquemos a la niñez en la sumisión y obediencia a ultranza, que va en detrimento de la libertad de las personas, sobre todo de las mujeres. Eduquemos en la igualdad de derechos. Por su parte, el estado mexicano con todas sus instituciones debe promover una cultura de respeto a las mujeres que parta de su reconocimiento de que son personas sujetas de derecho, impulsar una educación basada en la igualdad de derechos y garantizar el cumplimiento de éstos frente a la sociedad.


[1] CIMAC, México, DF.- 05/05/2004. Disponible en: https://www.cimacnoticias.com.mx/noticia/los-or-genes-del-d-de-la-madre-se-remontan-1922

* La información de este boletín informativo fue tomada del libro “10 de Mayo” de Martha Acevedo. 004/BJ/GV/SM

[2] Libro completo disponible en: https://evangelizadorasdelosapostoles.wordpress.com/2016/04/17/libro-completolos-cautiverios-de-las-mujeres-madresmonjasputaspresas-y-locas-marcela-lagarde/

[3] Fernández Flores, Mar. 1 de julio de 2014, en Mujeres construyendo. Disponible en: http://mujeresconstruyendo.com/profiles/blogs/marcela-lagarde-los-cautiverios-de-las-mujeres-madresposas-monjas

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