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El trabajo doméstico, el trabajo que no se ve y no se valora

Elizabeth Muñoz Vásquez*

23  de Julio de 2019

Esta ocasión hablaremos del trabajo doméstico -y no me refiero al trabajo que hacen las personas que son contratadas en su mayoría mujeres para realizar la limpieza de nuestra casa, el cual si se debe pagar-, sino al trabajo que hacemos las mujeres día a día y que desafortunadamente sólo se ve cuando no se hace.

Si, exactamente, cuando no se hace, es entonces que quienes habitan un hogar protestan o cuestionan por qué no están lavados los trastes, por qué no está hecha la comida, por  qué  las camas se encuentran sin tender,  la ropa sin lavar o planchar,  o bien el piso sin limpiar, los muebles sin sacudir y la basura sin sacar.

Estas actividades que le acabo de mencionar se  le  suman  el cuidado de las y los hijos,  el de las personas de la tercera edad o  bien el de las personas en condición de discapacidad,  todas son parte del trabajo doméstico, que nunca se acaba en una casa y que se considera  como una obligación que debe ser  realizada únicamente por las mujeres sin importar su edad.

Si le ponemos una definición, al trabajo doméstico se le denomina como el conjunto de actividades que se realizan dentro del hogar para proporcionar y proveer bienestar a los miembros de la familia, pues éste contempla  garantizar higiene, alimentación, salud, equilibrio emocional y la socialización de los individuos desde su nacimiento.

El Día Internacional del Trabajo Doméstico y de Cuidado no Remunerado fue declarado desde 1983 en el marco del Segundo Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, y cada 22 de julio permite  recordar a las autoridades de todo el mundo que tienen una tarea pendiente con las mujeres, que es  visibilizar la contribución que hacen en sus hogares.

 La fecha fue elegida para señalar el trabajo que millones de nosotras en el mundo realizamos en nuestras casas día a día y como lo señalan decenas de organizaciones de mujeres, “el trabajo doméstico no es amor, sino trabajo  que no recibe paga” y en pleno siglo XXI sigue sin recibir reconocimiento,  de las autoridades  y  de los integrantes de la familia, principalmente de los hombres.  

Es importante señalar que las tareas domésticas se realizaban junto con otras actividades relacionadas a la producción, sin embargo al llegar la industrialización todo lo doméstico fue separado de la producción y ahí se generó la división del trabajo en función del sexo, actividades específicas para las mujeres y otras para los hombres.

Los hombres asumieron el rol de proveedores de la familia, con tareas productivas fuera de su hogar y además les pagaban por ellas; en tanto las mujeres se les asignaron las actividades reproductivas, los cuidados del hogar, la responsabilidad de la unión familiar   y  la crianza de hijas e hijos, todas ellas sin remuneración.

Si hablamos de números,  la   última Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT 2014), que realiza INEGI, en México  las mujeres destinaban 68.5 horas a la semana a realizar trabajos del hogar y de cuidado no remunerados, mientras que los hombres dedicaban 55.6 horas para estas tareas,  lo que significa  medio día más de actividades hechas por mujeres.

Para el 2017 las cifras se movieron pues el número de horas que destinaron las mujeres a estas labores creció,  pues  ellas destinaron 76.6 horas a la semana en relación a los hombres que solo  dedicaron 23.3 horas, esto con base a la Cuenta Satélite del Trabajo No Remunerado de los Hogares (TNRH) de México, datos que nos resultan sorprendentes porque la incorporación de las mujeres al ámbito laboral fuera del hogar es muy alta, lo que significa que no obstante a que  las mujeres  nos hemos incorporado masivamente a empleos fuera del hogar, seguimos siendo responsables del trabajo doméstico en casa, lo cual se  traduce en doble o triples jornadas para nosotras.  

Esta encuesta también dio a conocer que el valor del trabajo de cuidado no remunerado y del trabajo doméstico representa 23.3 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), que se traduce en 5.1 billones de pesos, del cual las mujeres aportan el 17.5 por ciento y  los hombres  solo el 5.8 por ciento.

Como usted ve, las responsabilidades no son equitativas para las mujeres y ante ello es importante que quienes vivimos en un hogar contribuyamos a la realización del trabajo doméstico, porque cuando éste lo realiza una persona ajena a nuestro hogar además de pagarlo, tenemos que decir por favor y gracias, cosa que no hacemos con las mujeres de nuestro hogar.

Noemí Carmona
Noemí Carmona
Egresada de la Universidad del Altiplano, dedicada al quehacer periodístico desde el año 1998, con participación en medios impresos y electrónicos en Tlaxcala y Puebla. Apasionada de la radiodifusión y del trabajo social.

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