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La política y el desprestigio; a cambiar la historia

El ejercicio de la función pública y de la política están devaluadas, en especial, ante la mayoría de la ciudadanía que conoce más a sus autoridades por sus excesos, abusos y desaciertos, que por sus acciones a favor del desarrollo social, que seguramente habrán hecho algo a favor de su pueblo.
En los últimos días se han conocido excesos cometidos por las autoridades municipales y la develación de éstos se incrementarán a medida que el ocaso de sus encomiendas sea más cercano. Lo mismo ocurrirá también con autoridades estatales que ante el término de sus respectivos mandamientos se conocerán, esas anomalías, abusos y excesos que han aglutinado en costales y que de igual forma, indignarán a la sociedad.
El presidente de México, el otrora impoluto, ya pidió perdón por sus abusos o como lo ha tratado de minimizar, por su conducta poco acertada respecto a los excesos cometidos respecto al escándalo de la llamada Casa Blanca.
No tardarán en replicar ello. Pero discurso que no se acompaña con acciones es perorata que también lacera y enoja.
Hace cinco años y seis meses, escuchamos a un gobernador, en su toma de posesión, arremeter en contra de su antecesor. “Nunca más una familia hará negocios desde el gobierno…recuperaremos la UAT…”, lástima, nada de eso llegó.
Políticos, lo mismo del PRI, que del PRD y del PAN, pero también los de los partidos minoritarios, replican un mal endémico y casi patológico de la clase política nacional: abusar en excesos criticables en contra de la sociedad. Quitar para ponerse. Criticar los abusos de otros, para el que abuse sea él.
Por ello, la obligación de la renovación generacional en la política y en la administración pública no debe ser solo discursiva, eso no ayuda y la sociedad ya está hasta su máxima capacidad de esas anomalías. Esa alegoría debe ir aparejada de acciones y medidas que permitan erradicar los abusos y excesos.
El próximo gobernador, como hijo de maestros y de quienes abrevó el sentido de la ayuda al prójimo, del apoyo a la sociedad y de la búsqueda del bienestar social, como él lo ha dicho, debe acabar de tajo con esa tradición cancerígena del abuso y exceso; a cambio, debe priorizar el bien común, el desarrollo social y el progreso para todos.
Marco Mena, el hombre que es resultado de la política del esfuerzo, pues estudió siempre en escuelas públicas y con becas –la primaria la cursó en la Luis G. Salamanca, la secundaria en el plantel Presidente Juárez, el bachillerato en la vocacional Ricardo Flores Magón del Instituto Politécnico Nacional (IPN) y la licenciatura en Administración Pública en El Colegio de México (Colmex), debe resetear el disco duro de los políticos –tradicionales- que quieren llegar con él a gobernar, pero sin cambiar sus formas. Debe quitarles ese pensamiento del abuso a fin de evitar que la historia de excesos se repita.
Marco Mena me dijo en una ocasión que “la política tiene como origen y destino un perfil noble, pero ese perfil sólo puede mantenerse si hay compromiso ético y un trabajo responsable, la ciudadanía es muy crítica del ámbito político, porque hay actores que no se han comportado del modo ético o bien no se han abocado a cumplir con sus responsabilidades.
En sus manos está que no se repitan esas historias que tanto daño y tantos rezagos le han generado a Tlaxcala.

Juan Luis Cruz
Juan Luis Cruz
Juan Luis Cruz Pérez. Originario de Teziutlán, Puebla. Egresado de la Universidad del Altiplano, ha laborado en diversos medios de comunicación impresos y electrónicos. En dos periodos ha sido presidente de la Unión de Periodistas del Estado de Tlaxcala.

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