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Adriana Dávila reparte culpas; acusa, pero no asume sus yerros en la derrota

Asumirse como propietario y poseedor de una verdad absoluta es un grave error personal y más cuando quien tiene esa actitud se dedica a la actividad pública, que Adriana Dávila conoce, pero casi siempre lo comete.
La senadora panista Adriana Dávila salió a la escena pública después de su derrota en los comicios del pasado 5 de junio y lo hizo, para repartir culpas, coscorrones y sablazos en contra, principalmente, de sus propios correligionarios del PAN.
Aunque se justificó de ese ostracismo, al señalar que prefirió guardar prudencia ante la segunda derrota por la gubernatura que sufrió, porque “cuando uno habla con el hígado caliente, solo saca basura de la boca”, dijo antes de soltar su saña.
Y lo hizo en contra de cuando menos una media decena de panistas, quienes fueron blanco de sus imputaciones inquisidoras y sancionadoras. Lo hizo en contra de alcaldes de su partido, como el de Huamantla y Nanacamilpa, Alejandro Aguilar y Lilia Olvera, también en contra de ex diputadas federales, como Aurora Aguilar y Leonor Romero, contra el ex líder del albiazul, Sergio González y hasta en contra del gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle.
Aunque ella se asumió como la responsable de su campaña y de sus resultados, lo cierto que en sus palabras llevaban dardos en contra de sus compañeros de partido, a quienes acusó de cometer diversas linduras como corruptos, malos para gobernar, falsos y hasta improductivos en sus labores y en la función pública.
Pareciera que para Adriana Dávila Fernández el enemigo del PAN en los pasados comicios estaba en el propio partido, con lo cual confirmó lo que hace unas semanas dijo en Tlaxcala el imputado gobernador poblano y aspirante a la presidencia de la República, que el enemigo del albiazul fue su propia militancia y su soberbia.
La senadora por Tlaxcala, a pesar de esas condiciones, se dijo con redoblados brío pero no para recomponer esa relación mellada con sus correligionarios, sino para volver a participar de manera activa en el proceso de elección de la nueva dirigencia, pues ya ofreció su respaldo y capital político para quien decida abanderar la causa, si la causa Dávila Fernández.
No quiere perder el control de su partido, ese que le ha permitido negociar, acordar, pactar y enjuiciar y segregar a sus adversarios, olvidando que la política también es de sumas, pero de personas con ideas y acciones que aportan, no de aquellas que dividen y restan.
Más del 90 por ciento de los 27 minutos que duró su alegoría con los reporteros de política fue un repartidero de culpas, el resto fue de justificación y nada de evidenciar la mea culpa.
Posiciones totalitarias y absolutistas no ayudan al ser humano y menos cuando éste se encuentra en la vida política, la cual es de momentos, espacios y circunstancias y la colega comunicóloga lo sabe, aunque muchas de las veces lo practica y hace de esas conductas una especie de manual de Carreño en su ejercicio.

Juan Luis Cruz
Juan Luis Cruz
Juan Luis Cruz Pérez. Originario de Teziutlán, Puebla. Egresado de la Universidad del Altiplano, ha laborado en diversos medios de comunicación impresos y electrónicos. En dos periodos ha sido presidente de la Unión de Periodistas del Estado de Tlaxcala.

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