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Manuel Camacho, obligado a la congruencia con la educación.

La verdad, aunque severa, es amiga verdadera, reza una frase que conocí no hace mucho como colofón de un escrito realizado por el Doctor Manuel Camacho Higareda, otrora articulista hoy convertido titular de la Secretaría de Educación Pública del estado de Tlaxcala.

Quizá, en su persona, un hombre amable, de amena y muy fácil conversación, que gusta de escuchar, tolerante, de cultura, con un gusto exquisito por la tauromaquia, la que se hace de verdad y sin coba, del toreo-verdad de arte y del buen vino y las mejores lecturas, se han aglomerado más las lanzas que las cañas.

Las dudas sobre la capacidad de quien deberá librar las batallas por la consecución de los objetivos de uno de los vértices del triángulo de prioridades de la administración de Marco Antonio Mena Rodríguez, se han agolpado.
Quizá pocos, al menos su servidor no, conoce las cualidades administrativas y el liderazgo del doctor en Sociolingüística de la Universidad de Essex, Reino Unido, ni capacidades vistas en él para ocupar esa posición. La mayoría, en el círculo rojo –ese en que según se toman las decisiones- apuesta, especula y hasta afirma, que dicha posición es un pago de facturas políticas y de una gran amistad a la promotora del ex catedrático que en su pasado no tan lejano sirvió a los intereses de la familia Ortiz Ortiz.

Eso ya se le reprochó, y fueron los integrantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, quienes pusieron en duda el perfil y los conocimientos del nuevo funcionario. A decir de la sepuesta maestra, Citlalli Ortiz Cano, respecto a la designación de Manuel Camacho, ese nombramiento debiera ser para “un maestro de formación, normalista de preferencia, o que por lo menos conozca todos los niveles educativos: el inicial, el básico, la secundaria, todo lo que tiene que ver con el nivel básico y medio superior. (Pero Camacho Higareda) es alguien que no sabe absolutamente nada, es el clásico funcionario priista que sale de la nada porque es el amigo de fulano”.
Aunque de poetas y locos tenemos un poco, el nuevo Secretario de Educación, quien se destaca por sus versos precisos, seguramente tendrá muchas virtudes para enfrentar ese toro que representa la educación de Tlaxcala; algo en él habrá visto el titular del Ejecutivo local para darle esa tarea.
Sobre todo cuando nuestra entidad arrastra diversos pendientes en el sector: Se mantiene por debajo de la media nacional en el rubro de aprovechamiento en los niveles de primaria y secundaria en las asignaturas de matemáticas y lenguaje y comunicación, de acuerdo con los resultados de la prueba Plan Nacional para la Evaluación de los Aprendizajes (Planea) 2015. De esos resultados se desprende que 50.9 por ciento de los alumnos de sexto de primaria se ubicaron en el nivel más bajo en lenguaje y comunicación. Mientras que los resultados de la prueba del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés) de 2012 dan cuenta de las deficiencias que existen y ubican a Tlaxcala en el tercer último lugar de aprovechamiento de todo el país.

El nuevo funcionario, quien no ha tenido experiencia en algún cargo, creo que tiene ante si su mayor reto, y de verdad que ese no es el puesto mismo, sino la obligación de actuar en congruencia, entendida ésta como, el proceder de una persona que obra en vista a la consecución de los fines que se ha propuesto en forma lógica. Que procede con similitud entre el decir y el hacer.
Y ello porque hace más de un año, en el marco del XIII Congreso Nacional de Investigación Educativa, celebrado en la Ciudad de Chihuahua, entre el 16 y el 20 de noviembre de 2015, el ahora máximo representante gubernamental en materia educativa suscribió, al menos ahí aparece inscrito su nombre, un documento en torno a la reforma educativa.
Ahí, hizo suya la aseveración de que la reforma emprendida por la actual administración (del PRI, del mismo partido que gobierna y sirve en Tlaxcala) carece de un proyecto educativo que la guíe y le de sustento. Se reduce a un conjunto de modificaciones legales para la administración del sistema escolar. Se limita a regular las condiciones laborales del magisterio, a través de procedimientos de evaluación que, lejos de contribuir a la mejora docente, conforman un aparato abigarrado de control y vigilancia al que son sometidos, de manera vertical y autoritaria, las y los profesores en nuestro país.
Además, sostiene, con su rúbrica, que los cambios se han realizado sin la participación ni la consulta debida a los maestros. Se les concibe como objetos y no como sujetos, actores imprescindibles en la transformación requerida. La reforma se ha fincado en la estigmatización del magisterio. Con ello, no solo se perdió al actor principal de cambio en los procesos educativos, sino que se le desautorizó socialmente y se le condujo a una situación límite: someterse o perder el empleo. Lo que está en juego es vital para México. No es válido que la prisa, el prejuicio o la arrogancia pongan en riesgo un proceso tan importante como es la educación de las niñas y los niños. Hay que sustituir el ruido y la amenaza con espacios para el debate, el diseño concertado y la negociación de los caminos por los que ha de transitar la renovación de la educación mexicana.
Las dudas en torno al nuevo funcionario es que si ahora, como funcionario, el doctor en sociolingüística actuará como piensa o como pensaba. Hará efectiva la congruencia. Son dudas, insisto.
Creo, también en estos del periodismo se vale creer, que hoy más que nunca Manuel Camacho Higareda debe mostrar pie firme, congruencia y paciencia, pues de lo contrario, podría hacer realidad ese poema de su autoría, llamada “Al garete” y que versa así:
Estás en mi inmensa mayoría,
Y yo
Sin saber por dónde asirse,
Subiendo
Bajando…
La estupidez navega
Con el grave riesgo
De llegar a buen puerto.

Juan Luis Cruz
Juan Luis Cruz
Juan Luis Cruz Pérez. Originario de Teziutlán, Puebla. Egresado de la Universidad del Altiplano, ha laborado en diversos medios de comunicación impresos y electrónicos. En dos periodos ha sido presidente de la Unión de Periodistas del Estado de Tlaxcala.

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