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¡Basta de posiciones maniqueas!…acciones ya a favor de Tlaxcala y su gente

¡Basta de posiciones maniqueas! México y Tlaxcala viven muestras y momentos con visos de que la sociedad quiere organizarse para hacer frente a lo que sienten como una afrenta, la burla gubernamental respecto al aumento en los hidrocarburos y un mal chiste convertido en un pretendido pacto presidencial en materia económica.
Y ese malestar se debe –es mi deseo personal- potencializar, sobre todo cuando la amenaza presidencial está en ciernes, como la hizo efectiva ayer el presidente Enrique Peña Nieto, cuando anunció que “vienen otros desafíos, vienen otros retos, (el gasolinazo) no es el único”.
Aunque la maquinaria del Estado se ha esmerado en la última semana en tratar de desvirtuar o minimizar el enojo social, lo cierto es que ustedes, ellos, nosotros, todos, vivimos condiciones de incertidumbre, enojo y cólera, que si la canalizáramos, seguro estoy que no habría poder electoral que no cimbraba las estructuras de este anquilosado sistema rico en hacer pobres y concentrador de la riqueza.
El enojo ha sido propiciado desde el Poder, porque la realidad que viven millones de mexicanos dista mucho del discurso oficial, hecho campaña y replicado al momento de la unción de Enrique Pena Nieto y del retorno del PRI a Palacio Nacional. También dista mucho del llamado que hay desde el gobierno a mantener la calma a justificar las medidas económicas, las cuales, siempre pareciera que van encaminadas a replicar ese dicho popular: hágase la voluntad, pero en los bueyes del vecino.
Desde la semana pasada cientos de personas han salido a las calles para mostrar su enojo, su molestia ante el incremento de los hidrocarburos, mismos que han sido aderezados y auspiciados por el hueco discurso gubernamental que solo llama a la prudencia social sin dar ejemplo de lo que debe y se requiere hacer.
Ayer en Tlaxcala, los diversos sectores sociales, incluido el clero y el empresarial, cargados de un doble discurso, llamaron a la tranquilidad, a la paz social, a no caer en la ruta equivocada del saqueo –la que compartimos, sin maximizar- y el miedo como expresiones de repudio ante el incremento en los hidrocarburos y en productos de la cabasta básica.
Sin embargo, en un contrasentido, en ese cónclave, el tesorero de la empresa Autotransporte Tlaxcala, Apizaco, Huamantla (ATAH), Carlos Tamayo Chavero dio por un hecho el incremento en los precios de transporte, ese que su monopolio ofrece a los tlaxcaltecas.
Por eso digo, ¡Basta de posiciones maniqueas! Y golpes de pecho.
También nuestros diputados locales, lo mismo de izquierda, que derecha y de centro –ahora definidos como social-demócratas- hacen llamados a la resistencia, a derogar las disposiciones que permiten esos aumentos o bien, a entender la encrucijada presidencial que llevó a México a estas condiciones.
Pero el doble discurso es de ellos. Ellos no reunciarán a los cerca de 800 mil pesos que se repartirán en el primer mes del año con cargo al erario estatal, todo para pagar con recursos del pueblo los autos, gestión social, apoyos y diversos beneficios a los que tienen derecho los integrantes de nuestra élite política tlaxcalteca.
Como lo refiere la politóloga y escritora Denise Dresser, en la sociedad existe “una sensación compartida de una injusticia profunda, de un agravio irresponsable, pues mientras en la calle muchos se manifiestan pacíficamente y pasan la noche sin dormir por la zozobra, en los palacios (sobre todo los de gobierno, municipal y estatal y el Legislativo y Judicial) sigue la fiesta, el despilfarro, los vales, los celulares, los aguinaldos. México (y del cual Tlaxcala no está ajeno), sigue siendo un país donde algunos gozan la abundancia y otros padecen la austeridad, algunos son totalmente exprimidos y otros son totalmente palacio“.
Con estas acciones, tengo cierto que el gobierno federal ya minó la poca legitimidad que le quedaba. Por eso, a sus pactos no les creo. Todavía siento que hay una mayor e inmensa credibilidad en ese sueño infantil que todavía se me arremolina en cada noche del 5 de enero cuando anhelo que mi viejo caballo de palo se pueda convertirse en un gran corcel.
Y en el ámbito estatal, no hay nada. El gobierno, recién estrenado, no ha dado muestra ni ejemplo de cuál será la política pública en torno a la realidad que viven cientos de miles de personas que viven en la franja entre pobreza y pobreza extrema. La luna de miel gubernamental sigue, pero puede durar muy poco.
Por eso, insisto, en mi grito y clamor: ¡Basta, de posiciones maniqueas! Tlaxcala y México están hartos de décadas de promesas y pactos, queremos una mejor realidad.

Juan Luis Cruz
Juan Luis Cruz
Juan Luis Cruz Pérez. Originario de Teziutlán, Puebla. Egresado de la Universidad del Altiplano, ha laborado en diversos medios de comunicación impresos y electrónicos. En dos periodos ha sido presidente de la Unión de Periodistas del Estado de Tlaxcala.

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