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Chango viejo no aprende nueva maroma; experiencia fallida

Chango viejo no aprende nueva maroma o experiencia que no se refleja en acciones, es solo historia, anécdotas y vivencias, solo eso y nada más y por desgracia, la luna de miel que se vivía en el Congreso del estado con la ilusión y expectativa de que la nueva legislatura sería distinta, se acabó. Esta perspectiva casi se extingue con las garrafales pifias que nos han dado con las dos principales acciones legales que han aprobado hasta el momento.
La actual legislatura tiene, al menos en el membrete y currículum, experiencia en sus integrantes. Cerca del 25 por ciento, es decir, uno de cada cuatro diputados ya han sido congresistas en al menos otras ocasión y en algunos caso, hasta en otras dos veces.
Pero pareciera que el paso que ya han tenido tanto en el ámbito parlamentario federal como local solo se reflejó en sus respectivas carteras, cuentas bancarias y relaciones públicas, además del currículum, porque en los hechos, no lo demuestran con su labor.
Me explico. La semana pasada, el pleno del Congreso local hizo de la declaratoria de integración de la Junta de Coordinación y Concertación Política, con su presidente, el priista Mariano González Aguirre. Dicha resolución la adoptaron a partir de una elección y con la notificación de las bancadas y representaciones de partido, respecto a la designación de sus respectivos coordinadores, pero sin un acuerdo fundado y motivado en la materia.
El martes pasado ocurrió lo mismo –solo que fuera de los plazos legales, pues ya había incurrido en omisión legislativa-, con la conformación del programa legislativo.
En medio de errores procedimentales, de una ignorancia total de técnica legislativa, los diputados dieron por aprobado su programa legislativo a partir de las propuestas y ocurrencias de cada bancada. Tampoco existió un acuerdo en la materia que fuera fundado y motivado, presentado exprofeso en el pleno.
Todo ello contraviene a lo dispuesto tanto en la Constitución Política local y la Ley Orgánica del Poder Legislativo, que establece que toda resolución que dicte el Congreso del estado tendrá el carácter de Ley, Decreto o Acuerdo, y ambas determinaciones, carecieron de este debido proceso.
En el caso del programa legislativo, la Ley Orgánica del Poder Legislativo, de manera particular, precisa que para cada período de sesiones, conjuntamente el presidente de la Mesa Directiva y la Junta de Coordinación y Concertación Política –nunca el pleno, como lo hicieron- elaborarán un programa legislativo, que establecerá las prioridades de los asuntos del Congreso del estado; las iniciativas a presentar; los dictámenes pendientes de discutirse, y los asuntos que debe conocer en materia de cuenta pública y de responsabilidad de servidores públicos y éste se someterá a la aprobación del pleno a más tardar en la segunda sesión ordinaria –y no la tercera como ocurrió este martes- de cada período de sesiones.
Pero la experiencia de los diputados, esa que han acumulado por su paso en el Congreso local o en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión de nada les sirvió.
Por ejemplo, el diputado del PAC, Héctor Ortiz ya fue legislador federal, además de gobernador. El perredista Alberto Amaro Corona, ha sido tres veces diputado, una federal y con la de ahora, dos veces local, además de presidente municipal. Su compañera, Floria María Hernández, ya tiene en su haber dos diputaciones locales, por cierto en ambas compañera de Amaro Corona.
La neopanista Guadalupe Sánchez Santiago tiene en su currículum tres legislaturas, dos veces local y una federal, las dos primeras por el PRI. El tricolor Enrique Padilla ya fue dos veces congresista, antes ya había sido integrante de la Cámara Baja del Congreso de la Unión y la lista la cierra el priista Arnulfo Arévalo Lara que como diputado ya pasa en dos ocasiones por el Palacio Legislativo de Tlaxcala.
Pero esa experiencia nada les sirvió. Ya la dilapidaron. Pero de esos yerros también son corresponsables sus homólogos, que no se han puesto a estudiar sus funciones, el proceso legislativo, al menos. No les pido que tengan estudios de derecho parlamentario, eso ya sería añorar mucho.
La soberbia no es buena consejera. Los legisladores de Tlaxcala, y más los de experiencia, deben ponerse a trabajar, aunque aquí aplica otro refrán muy acertado que advierte que “hay maderas que nunca agarran el barniz” y que es lo mismo que “chango viejo no aprende nueva maroma”.
Al margen:
Tal pareciera que el dos veces magistrado Tito Cervantes Zepeda es quien se perfila como el próximo nuevo Procurador General de Justicia del estado. Al menos ese es el mensaje que para algunos deja la conformación de la terna de aspirantes al cargo que envió el Ejecutivo al Congreso local. Ahora la determinación está en los diputados, quienes espero recuerden lo escrito líneas arriba que “chango viejo no aprende nueva maroma”.

Juan Luis Cruz
Juan Luis Cruz
Juan Luis Cruz Pérez. Originario de Teziutlán, Puebla. Egresado de la Universidad del Altiplano, ha laborado en diversos medios de comunicación impresos y electrónicos. En dos periodos ha sido presidente de la Unión de Periodistas del Estado de Tlaxcala.

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