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Luna de miel legislativa con visos de caducidad

La luna de miel que vivían los integrantes de la LXII Legislatura local parece que va llegando a su fin. El amasiato y las cartas de buenas intenciones que tuvieron los legisladores de todos los colores y partidos, tienen fecha de caducidad y ésta, al parecer llegó muy pronto.
Aunque han tratado de guardar las formas, lo cierto es que éstas se empiezan a perder y más cuando se dan cuenta de las verdaderas intenciones de unos y otros, vamos, nuestros legisladores no son Damas de la Caridad ni del Perpetuo Socorro; en sus acciones hay fines, algunos políticos y otros económicos o si no, ambos.
Pasó la cuarentena de gracia que permitió un terso reparto de cuotas y de espacios. Comisiones, secretarías y direcciones de los órganos técnico-administrativos fue el botín que aderezó la relación del inicio de la 62 Legislatura, pero concluida esa labor ya cada quien empezó a trabajar en sus beneficios y proyectos muy particulares.
Los coordinadores de las bancadas del PRI, PRD y PAN empiezan a marcar sus distancias, porque la tríada Mariano González Aguirre, Alberto Amaro Corona y Carlos Morales Badillo, respectivamente, tienen en su quehacer propósitos que cumplir y no son los parlamentarios.
Los tres, otrora aliados de interés, ahora se ven como son, enemigos. El priista quiere y busca la forma de mantener el control del quehacer legislativo pero no para dar resultados a su ahora jefe político, Marco Antonio Mena Rodríguez. No, eso es lo que menos le importa, ya que su única intención es usar el cargo de líder de la bancada y presidente de la Junta de Coordinación y Concertación Política para lograr una de las candidaturas que competirán en los comicios federales de 2018.
La aspiración es una curul en la Cámara Alta del Congreso de la Unión, aunque tampoco despreciaría la diputación federal, pues sería llegar a “las grandes ligas, a donde pertenezco”, confía a sus allegados.
Mientras que el del PRD está en la misma tesitura. No pierde ni perderá la mínima situación legislativa, política y de coyuntura, que se le presente como líder de la bancada o como presidente de la Comisión de Finanzas y Fiscalización para fortalecer y en su caso, potencializar su eventual candidatura al Senado de la República. Eso ya molestó a algunos, que hasta la “reventaron” la sesión de su comisión el pasado miércoles.
Y el del PAN está entretenido en el cumplir todas y cada una de las órdenes que le da la todavía dueña del albiazul. Él, aunque con aspiraciones personales, su labor como legislador se circunscribe en acatar las indicaciones y estrategias que ordena Adriana Dávila.
Dar cabida y juego a esas estrategias ya generó sus resultados con el fin de la luna de miel y empiezan a tener como rehén la labor parlamentaria. Por ello, el resto de las bancadas y representaciones de partido no pueden ni deben ser ajenas a las intenciones de esa tríada. Lo ideal es que marquen distancia a esas intenciones, no se presten a esos juegos perversos para sacar a flote esta mini legislatura –por el tiempo, no por capacidades-, porque de lo contrario serán 20 meses perdidos para Tlaxcala en materia parlamentaria.
Al margen:
La determinación de Marco Antonio Mena Rodríguez de literalmente “no sudar calenturas ajenas” ni comprarse pleitos que no son suyos, es buena y muestra talante. Por ello, rescatar aquellas obras públicas abandonadas y consideradas como elefantes blancos es una medida que beneficiará a la sociedad.
Ayer inició las labores que podrían permitir el uso de la Plaza Bicentenario –para muchos el monumento a la corrupción del gobierno de Héctor Ortiz Ortiz. Más allá de filias y fobias, lo cierto es que la sociedad está fastidiada y harta de pleitos de bagatela que solo frenan el desarrollo de Tlaxcala.

Juan Luis Cruz
Juan Luis Cruz
Juan Luis Cruz Pérez. Originario de Teziutlán, Puebla. Egresado de la Universidad del Altiplano, ha laborado en diversos medios de comunicación impresos y electrónicos. En dos periodos ha sido presidente de la Unión de Periodistas del Estado de Tlaxcala.

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