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Presidente, no le creo. Ni un periodista asesinado más

Basta de discursos, necesitamos hechos ya. Ayer el presidente de México, Enrique Peña Nieto dijo que “lucharé hasta el último día de mi mandato para fortalecer las condiciones del ejercicio pleno del periodismo profesional, riguroso y valiente que México necesita”. Ya se tardó usted, señor presidente; le queda poco más de un año de mandato y éste, el penúltimo de su gobierno, está por convertirse en el más sangriento y voraz en contra de los trabajadores de los medios de comunicación.
A la sazón de la muerte de mi compañero corresponsal de La Jornada, Javier Valdez, ayer el presidente se reunió con gobernadores, incluido el de Tlaxcala, Marco Mena, para establecer algo que debía haber hecho desde el inicio de su mandato, establecer políticas públicas para el cuidado de todos los mexicanos, incluidos los periodistas.
México está mal, pues mucho pierde la democracia liberal cuando miembros de la prensa mueren por informar, sea cual fuese el tema central de sus trabajos.
Javier Valdez, escritor y también editor de la revista Ríodoce -porque en Sinaloa hay once ríos y su trabajo era un caudal en ese complicado estado-, estaba trabajando en un nuevo libro en el que relataría las relaciones entre narcotraficantes y gobernantes. Quizá, solo quizá, ese pudo haber sido el motivo para que los asesinos, con 12 balazos, aseguraran su cometido, cegar la vida de un gran hombre que seguro revelaría algo grande, como en sus otras obras.
Pero eso es lo que está pasando en México, con el gobierno del cambio, ese que siempre ha culpado a su antecesor de la violencia desatada, pero los asesinatos y la impunidad en los crímenes en contra de periodistas no es nuevo, y ahora mismo, se ha recrudecido.
De acuerdo a la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión, la cual de casi nada ha servido, da cuenta que entre 2000 y 2016, 105 periodistas fueron asesinados.
Pero de marzo a mayo de este año ya han sido asesinados otros seis colegas: Cecilio Pineda Brito de Guerrero, Ricardo Monlui de Veracruz, mi compañera en La Jornada, Miroslava Breach en Chihuahua, Maximino Rodríguez en Baja California Sur, Filiberto Álvarez en Morelos y Javier Valdez en Sinaloa y compañeros de algunas agrupaciones de periodistas consideran que la cifra real podría ser mayor.
Con estas cifras se demuestra que, aunque suene cliché, México es ahora mismo el país más peligroso para ejercer el periodismo del mundo entero y eso que creemos que no estamos en guerra.
Por eso señor presidente, no le creo y como ciudadano y como periodista, exijo que ninguno de los más de 100 crímenes en contra de periodistas –y de ninguna persona más- quede impune. Deseo volver a creer en esa institución que representa señor presidente, pero con hechos y no con palabras, porque México y su sociedad, no se merecen ni un asesinato más.
Al margen:
A continuación, en memoria de Javier Valdez, transcribo unas líneas de la editorial de Ríodoce, su revista, a propósito de este crimen: “Hoy nos pegaron en el corazón… Ha sido un golpe demoledor. Pero no solo para nosotros. Un grupo de gatilleros asesinó a Javier Arturo Valdez Cárdenas, nuestro compañero. Lo esperaron a que saliera de la oficina de Ríodoce, donde estuvo trabajando por la mañana. Lo mataron con saña. Los asesinos simularon el robo de su vehículo, pero le dispararon en 12 ocasiones con dos armas distintas. No tenemos ninguna duda: quien ordenó el crimen pidió a los sicarios que se aseguraran del objetivo. Es un golpe demoledor para nosotros, para su familia, pero también para el periodismo, el sinaloense, el mexicano, sobre todo ese que investiga, escribe y publica en libertad. Siempre, desde que decidimos brindar cobertura al tema del narcotráfico, supimos que esto podía ocurrir; lo sabía Javier, lo sabíamos todos en Ríodoce. Y hemos reporteado con miedo todos estos años, seguros, como lo dijo él muchas veces, de que cuando alguien toma la decisión de matar a alguien, mata. Cohabitamos con la muerte, decía. Copulamos con ella, se ríe de nosotros, nos besa, se burla. Pero seguimos todos estos años -14 desde la fundación de Ríodoce- haciendo lo que un buen periodista y un buen periódico tiene que hacer en un estado como Sinaloa, en un país como México. Nos han arrancado un brazo. O los dos. Javier fue parte fundamental de Ríodoce desde que el semanario era apenas una quimera concebida por un grupo de periodistas que creíamos y creemos en la libertad, en la independencia, en la honradez, en la crítica; que vemos en el periodismo un compromiso con la sociedad, cada vez más desvalida en medio de gobiernos cada día más corruptos y cínicos, criminales desde el Estado. En estas convicciones estribaba nuestra terquedad de seguir adelante a pesar de las acechanzas cotidianas, en medio de tantos crímenes, de las guerras sangrientas del narco y de las que los periodistas somos, casi siempre, víctimas del fuego cruzado. No podemos dejar de cubrir temas del narcotráfico, decíamos; menos ahora que el fenómeno es más amplio y profundo. Nacimos para la información, no para el silencio, sosteníamos, y nos debíamos congruencia. El problema es cómo hacerlo. Por eso tratamos de tener siempre cuidado de no cruzar esas líneas tan delgadas cuya transgresión puede significar la muerte. No tenemos ninguna duda: el origen del crimen de Javier Valdez está en su trabajo periodístico relacionado con los temas del narcotráfico. No sabemos de qué parte, de qué familia, de qué organización provino la orden. Pero fueron ellos. Esperaríamos del gobierno estatal y del federal que se abocarán a investigar y castigar este crimen. Pero, sabiendo el destino de la mayoría de los casos, sin muchas esperanzas de que hagan justicia. Qué pena por nuestra sociedad; qué dolor de país…”

Juan Luis Cruz
Juan Luis Cruz
Juan Luis Cruz Pérez. Originario de Teziutlán, Puebla. Egresado de la Universidad del Altiplano, ha laborado en diversos medios de comunicación impresos y electrónicos. En dos periodos ha sido presidente de la Unión de Periodistas del Estado de Tlaxcala.

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