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Carlos Mario Galindo, de 78 años de edad, originario de Puebla, es optimista y sigue adelante en la vida

Aseveró que en el asilo “Edad de Oro de los Abuelos San Judas Tadeo A.C.” hace más falta cariño, el cual es básico para la vida humana

A pesar de tener cáncer de próstata, de no saber de su hija, de perder a su esposa hace siete meses y de no tener dinero para vivir, Carlos Mario Galindo, de 78 años de edad, originario de Puebla, es optimista y sigue adelante en la vida, porque sabe que lo único que necesita es fe y compromiso con el prójimo, situación que comparte en el asilo “Edad de Oro de los Abuelos San Judas Tadeo A.C.”, en Españita.

Con una mirada cálida y rostro sereno, reconoce que en este lugar conoció a una nueva familia, que la atención que recibe lo hace sentir, como si estuviera en su casa, gracias al trato de las enfermeras y quienes están a cargo del asilo.

Con nostalgia, recuerda a su esposa, quien tras una caída y con su columna en cuatro partes, luchó para que se sobrepusiera, entre estudios, hospitales, especialistas, pero al final, perdió lo que más amaba, que era ella.

Dice que al verse solo, dormir en la calle, sin nada, acudió al DIF estatal, donde expuso su situación, dependencia que lo envió al asilo, en Españita, hace dos meses.

Mencionó que es de la primera generación de ingenieros en electrónica del Instituto Politécnico Nacional (IPN), así como tres maestrías y un doctorado en fibra óptica, lo que le dio la oportunidad de trabajar en Estados Unidos, durante 18 años.

“Yo tuve la gran suerte de que mi profesor fuera Guillermo González Camarena, el inventor de la televisión a color, el me invitó a vender la patente en Estados Unidos y además cuando terminé mi doctorado en fibra óptica la Nasa hizo una convocatoria para que se trabajara, donde participaron cinco mil y nos quedamos cinco de diversos países”, señaló.

Actualmente recuerda el 100 por ciento del inglés, francés e italiano, y ante todos estos conocimientos, aconseja a la población a seguir a la madre de todas las virtudes, que –dijo- es la paciencia.

“Cuando llega un abuelito nuevo, procuro acogerlo conmigo, a quitarse los zapatos, cambiarse, acostarse para que vayan tomando la situación del ambiente de aquí. Si se descompone una silla de ruedas, estoy arreglándola, que si se descompone una andadera, estoy arreglándola, que un bastón, que la lavadora, procuro ganar el pan de cada día”, aseguró.

Sin embargo, reconoció que este lugar necesita de todo, porque es imposible que quienes están al frente puedan solos, porque a pesar de ser una fundación y ayudar a mucha gente hace falta hacer más.

Y aseveró que desearía que las personas los visitaran, porque ahí lo que hace más falta es cariño, el cual es básico para la vida humana.

 

Diana Muñoz
Diana Muñoz
Lic. en Ciencias de la Comunicación, egresada de la Universidad del Altiplano. Apasionada por el ejercicio periodístico, el cual he ejercido desde el 2001 en medios locales y nacionales. Comprometida con mi trabajo . Amante de la buena música

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