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La clase política perdió la oportunidad de redimirse con la sociedad

Los diputados y la clase política en general perdieron la oportunidad de regresarle a la función pública un poco de credibilidad y sobre todo, redimirse ante la sociedad.

Con desparpajo, las justificaciones dadas demuestran y hacen evidente que solo buscan esconder sus verdaderas intenciones, que son que Tlaxcala no tenga un sistema estatal anticorrupción que sancione abusos.

Aunque desde hace dos años se impulsaron las acciones políticas y después legales para que México y desde luego sus estados, cuenten con el andamiaje legal para prevenir y en su caso, sancionar los excesos, nuestros diputados no hicieron su tarea.

Además, pese a los excesos –hoy como nunca, más que documentados-, cometidos por ex gobernador de Veracruz, Quintana Roo y Sonora, así como los excesos y hasta actos de delincuencia organizada en Nayarit, la clase política se niega a ponerse en el escrutinio social.

La sociedad civil le había puesto en bandeja de plata la posibilidad de borrar las faltas del pasado a cambio de permitir la supervisión de lo que hiciera a futuro. Ese es el fin del sistema nacional anticorrupción y de los gobiernos abiertos.
Las organizaciones de la sociedad civil han tenido frente al fenómeno de la corrupción una actitud ejemplar: señalar el mal, pero también la solución, pero  la clase política ha interpretado esto como un permiso para persistir en conductas que han provocado un enorme malestar ciudadano. Pero su negativa al cambio es monumental, y pretextan cualquier cosa para justificar su indolencia para generar estos cambios.

Lo que pasa en Tlaxcala es muy similar a lo que ocurre a nivel nacional.

Más de dos años han tardado los partidos políticos en construir el sistema nacional. Pero es la hora que no hay un fiscal general en la materia.
Como pretexto, los senadores de la República, pusieron el desacuerdo de los partidos sobre el grado de autonomía que debía tener la nueva Fiscalía Anticorrupción y la forma en que ésta interactuaría con la nueva Fiscalía General.
Pero todo ello, son justificaciones pueriles ante su negativa a cambiar la forma y el fondo de donde han transitado. No quieren estar frente al escrutinio social y mucho menos, atentar contra el ADN que tienen, en donde el sino de la corrupción es tan fuerte que eclipsa convicciones, proyectos y planes de gobierno.

Pero nuestros diputados y la clase política serán sometidos a evaluación. Los comicios a celebrarse el primer domingo de julio del próximo año será la fecha en la que los ciudadanos puedan castigar o premiar las acciones de sus representantes populares. Es tiempo de que se haga sentir la voz ciudadana con votos y sancionar a los omisos que no quieren cambiar el sistema y se niegan a sancionar la corrupción.

Juan Luis Cruz
Juan Luis Cruz
Juan Luis Cruz Pérez. Originario de Teziutlán, Puebla. Egresado de la Universidad del Altiplano, ha laborado en diversos medios de comunicación impresos y electrónicos. En dos periodos ha sido presidente de la Unión de Periodistas del Estado de Tlaxcala.

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