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Adriana Dávila jugó sus cartas en un PAN herido por ambiciones

Adriana Dávila Fernández parece que ya jugó sus cartas en la lucha interna por el control del PAN y la designación de los nombres de mujeres y hombres con los que habrá de competir en los comicios del próximo año. Ella y los suyos con sus adversarios están en una lucha entre el Anayismo (que encabeza Ricardo Anaya) y el ostracismo (Felipe Calderón).

La tlaxcalteca parece que cambió bandera. Su apuesta, parece ser, no será con la familia que la impulsó al estrellato político, sino con un nuevo aliado. Muera el rey, viva el rey, dice un refrán que podría ajustarse a la estrategia de las dos veces candidata a gobernadora.

Ricardo Anaya, el líder nacional del PAN parece que es su nuevo aliado y atrás dejó el manto que la protegió e impulsó, ese que representa ahora la aspiración presidencial de Margarita Zavala, de la mano de su esposo, el otrora poderoso y mandamás del albiazul, Felipe Calderón Hinojosa.

Como lo escribió desde 2016 el maestro y director de la Jornada de Oriente Tlaxcala, Raúl Jiménez Guillén, Adriana Dávila es una mujer que descubre la política, a partir de su ingreso como empleada del Comité Directivo Estatal (CDE) del Partido Acción Nacional (PAN) en 1996, a la edad de 26 años, después de egresar de la carrera de periodismo de la escuela Modesto González Galindo (en la Universidad del Altiplano) y desempeñarse como reportera en medios locales.

“El vacío que encuentra Felipe Calderón Hinojosa en Tlaxcala, plaza dominada por Santiago Creel y los cuatro fantásticos (Adolfo Escobar, Sergio González, Benjamín Ávila y Felipe Flores) que engolosinados con el poder local, dejan a la Presidencia de la República el espacio para que crezca la figura de Adriana Dávila. El padrinazgo la cuida otorgándole posiciones de título oneroso pero nula experiencia, que la convierten en candidata al gobierno del estado, por más apoyo de secretarios de Estado y gobernadores, pero no bastan para alcanzar el triunfo por la falta de una estructura local propia, a cuya conquista se dedica después de la derrota”, refiere en ese trabajo periodístico.

Sin embargo, ahora las diferencias y sus intereses parecen que le han marcado un nuevo derrotero. La pasada elección de la presidencia de la Mesa Directiva del Senado de la República parece que fue el detonador para que los nuevos caminos y directrices se hicieran evidentes. Aunque dicen que en política no hay sorpresas ni sorprendidos.

Ernesto Cordero, hombre cercano a Felipe Calderón, al que por cierto Dávila sirvió como asesor cuando éste se desempeñó como secretario de Hacienda y Crédito Público, fue electo como presidente de la Cámara Alta del Congreso de la Unión, situación que marcó el rompimiento con un bloque que no quiere a Ricardo Anaya.

El grupo cercano de senadores a Felipe Calderón, como son el propio Ernesto Cordero; Javier Lozano y Roberto Gil, pintaron su raya con su dirigente nacional y con aquellos congresistas que apoyan sus aspiraciones presidenciales. Está claro que no quieren a Ricardo Anaya y no apoyan las acciones que éste hace, como controlar a los Comités Estatales, incluido el que controla Adriana Dávila en Tlaxcala.

Lo visto en el Senado de la República es una pugna interna por el control en el PAN y la definición de una posible candidatura que habrá de postular el inminente Frente Amplio que formarán con el PRD y muy posiblemente con Movimiento Ciudadano.

Bajo estas condiciones, las ambiciones de las cúpulas, aderezadas por las aspiraciones locales y regionales, como el caso de Adriana Dávila, han puesto en jaque al PAN, lo cual seguramente tiene muy alegres a sus adversarios y al gobierno, pues le apuesta a que se cumpla la máxima “divide y vencerás” y así, los panistas van directo al “despeñadero”.

Parafraseando al Jefe Diego, como se le conoce al ex candidato presidencial Diego Fernández de Cevallos, es grave lo que ocurre en Acción Nacional y trastoca sus principios, por ello, cito textual la recomendación que éste hace ante la crisis de sus huestes: “los panistas del país debemos exigirnos -y exigir a nuestros dirigentes- responsabilidad y prudencia para superar pasiones, agravios y legítimos intereses personales. Solamente así, unidos y fuertes, podremos ser útiles a México. En Acción Nacional estamos obligados a conducirnos políticamente con responsabilidad ética, para merecer el respeto y la confianza de los votantes. No debemos permitirnos ser parte de la pudrición que en tantos ámbitos y tan hondo sofoca a México. Nuestra historia nos respalda, el presente nos exige y el futuro nos espera”.

Juan Luis Cruz
Juan Luis Cruz
Juan Luis Cruz Pérez. Originario de Teziutlán, Puebla. Egresado de la Universidad del Altiplano, ha laborado en diversos medios de comunicación impresos y electrónicos. En dos periodos ha sido presidente de la Unión de Periodistas del Estado de Tlaxcala.

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