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México y Tlaxcala están de pie, pero debemos aprender

México y Tlaxcala están de pie, pese a los cerca de 240 muertos y decenas de desaparecidos, el país está de pie, fuerte, solidario, pero necesitará ayuda, porque la acción gubernamental será, como siempre, insuficiente. También necesitará un cambio verdadero de pensamiento, proactivo, para prevenir verdaderamente que los daños que generan estos fenómenos de la madre naturaleza nos sigan dejando graves cicatrices.

Los daños causados por el sismo del pasado 19 de septiembre han despertado muy aceptables sentimientos y acciones de la gente para ayudar. Aunque también hay de las otras, las mezquinas, las malas, las ventajosas, las que dañan al ser humano. Las colectas de víveres, medicamentos y enseres para paliar el sufrimiento de las personas afectadas, no tienen antecedentes. Miles, millones de personas en todo el país y el extranjero incluso se han volcado a tratar de asistir de una u otra forma a los conciudadanos en desgracia. Eso es bueno, pero aunque como es cierto, una desgracia natural no se puede predecir, lo que si podemos hacer es disminuir los riesgos y eso lo puede hacer el gobierno, pero siempre será más efectivo lo que nosotros, como individuos y familias, hagamos en los personal.

Cuántos tenemos en nuestro hogar un programa o esquema de protección civil. Cuántos tenemos una estrategia de evacuación de nuestro hogar, cuántos hemos enseñado a nuestros hijos, padres, hermanos la forma de salvaguardar nuestras vidas ante sismos; cuántos nos hemos preparado para hacer frente a éstos; tenemos al menos listos documentos oficiales, herramientas para una desgracia de éste tipo o al menos, si aunque sea, un botiquín listo.

Mucha de la seguridad depende de nosotros. El gobierno, con sus desaciertos y buenas acciones -no todo será malo- hace una función, pero dejarles todo a ellos, tanto federal, estatal, municipal y de comunidad, es comodino pero iluso e irresponsable. Cuántos nos hemos preocupado porque nuestros hogares tengan las condiciones de seguridad ante estos embates. Todos estamos obligados a cuidar nuestra seguridad y mantener a nuestra familia, Tlaxcala y a México de pie.

Los daños en Tlaxcala han sido severos, pese a lo que muchos echemos las campanas al vuelo. Necesitaremos ayuda, el gobierno estatal y de los 60 municipios, no tendrán la capacidad de atender los daños.

El sismo de 7.1 grados Richter del 19 de septiembre afectó a 260 planteles educativos de la entidad, las iglesias también sufrieron los estragos, así como otros edificios públicos y viviendas.

Ante ello, el mandatario Marco Antonio Mena Rodríguez tiene claro debe iniciar la gestión de los  recursos del Fondo de Desastres Naturales (Fonden) para apoyar los trabajos de remodelación y rehabilitación de los edificios públicos y particulares afectados por el movimiento telúrico, pero de ser necesario el gobierno del estado y los municipios también podrían aportar recursos para estas tareas del Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social (FAIS).

De acuerdo con reportes del Comité Técnico de Evaluación de Daños, que fue instalado la mañana de este miércoles, el sismo con epicentro en Axochiapa, Morelos, provocó daños en más de 57 templos religiosos de prácticamente los 60 municipios, siendo la de San José, en la ciudad capital, la de Ixtacuixtla y la de Natívitas, así como el ex convento de Tepeyanco, las de mayores afectaciones e información oficial da cuenta que en el caso de instalaciones de infraestructura carretera o electricidad no se detectaron problemas.

Es tiempo que la solidaridad continúe, aunque la gente duda mucho de sus autoridades y hasta organizaciones sociales y civiles, muestra de ello es que hacen el llamado a bloquear los códigos de barras o rotular de los víveres ante el temor de que estos paren en manos de vivales que hagan su agosto con la desgracia.

Al margen:

A propósito de la necesidad de cambiar nuestro pensamiento a una cultura de la prevención, comparto con usted unas líneas escritas por Juan Carlos Ortega Prado, en la revista Proceso: Les recuerdo algo: la “escala sísmica de Richter” es logarítmica (base 10), y no lineal. Esto significa que un terremoto de 8.1 grados tiene una magnitud 10 veces mayor que uno de 7.1 (y no es sólo 10% u 15% más fuerte, como podría pensarse). Dicho de otro modo: ayer (el pasado martes), un sismo con una magnitud diez veces menor que el de 1985 derribó unos 40 edificios y mató a casi 100 personas en la Ciudad de México.

En resumen: en 32 años no aprendimos un carajo. Una escuela y un taller textil se nos derrumbaron; se siguieron dando permisos para construcciones de papel; se permitió que gente viviera en edificios viejos y dañados (y gente decidió vivir en edificios viejos y dañados); Protección Civil no hizo las revisiones suficientes, las hizo mal o a nadie le importaron; nuestra conciencia y capacidad de exigir tampoco avanzaron, y a nadie le interesó explicarnos la diferencia entre magnitud e intensidad, así que hoy descubrimos azorados que no estábamos en manos de la planeación y la prevención, sino de la suerte, y que un terremoto 10 o 15 veces menor que el de 1985 puede tumbar la capital del país.

 

Juan Luis Cruz
Juan Luis Cruz
Juan Luis Cruz Pérez. Originario de Teziutlán, Puebla. Egresado de la Universidad del Altiplano, ha laborado en diversos medios de comunicación impresos y electrónicos. En dos periodos ha sido presidente de la Unión de Periodistas del Estado de Tlaxcala.

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