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En esta ocasión dedicaré mi comentario a la memoria de la Jueza Ruth Joan Bader Ginsburg, fallecida el pasado 18 de septiembre, quien se ganó a pulso el reconocimiento por haber logrado evidenciar la discriminación que padecían mujeres pero también los hombres por su condición de género.

Nacida en Brooklyn, Nueva York, en 1933, de padres inmigrantes judíos, se
graduó en la Universidad de Cornell en 1954, en la que había en su matrícula 4 hombres por cada mujer, y dos años después se convirtió en una de las nueve mujeres que se inscribieron en la Escuela de Derecho de Harvard en la que sólo el 2 % de sus estudiantes eran mujeres, había 500 hombres y 9 mujeres.

En carne propia vivió la discriminación por su género para ser contratada
como abogada no obstante del prestigio de las escuelas en las que se formó. La Jueza Ginsburg fue cofundadora del Proyecto de Derechos de la Mujer en la Unión de Libertades Civiles de Estados Unidos y trabajó como profesora de derecho en Rutgers, en la que aceptó impartir una clase sobre género y leyes en los años 60s.

En 1980, el presidente Jimmy Carter nominó a Ginsburg a la Corte de Apelaciones de Estados Unidos para el Distrito de Columbia y el presidente Bill Clinton la nominó a la Corte Suprema en 1993, convirtiéndose en la segunda mujer en ser juez del más alto tribunal de Estados Unidos.

Para la Jueza Ginsburg no fue una tarea fácil lograr una trayectoria como la
que tuvo, en el ámbito familiar debió atender las responsabilidades de esposa, madre y enfrentar la enfermedad de su esposo, lo que la obligó a asumir las actividades de su propio estudio, las de su esposo, además del cuidado de su hija.

Esta sobrecarga de trabajo le implicaba dormir sólo dos horas al día.
En el ámbito profesional, Ginsburg, tenía claro su objetivo, mostrar al mundo que las mujeres y los hombres sufrían discriminación por género y encontró en el ejercicio del derecho, el camino y el instrumento para lograr un cambio, una especie de activismo judicial en palabras del Dr. Manuel González Oropeza y lo que hace icónico su caso, es la estrategia que diseñó y puso en marcha.

La presencia y personalidad de la Jueza Ginsburg le ayudó a lograr su
encomienda. Era una mujer de 1. 55 metros de estatura, tímida, reservada, amable, de voz calmada. Aunado a las enseñanzas de su madre, quien murió cuando ella tenía 17 años, le decía “Sé una dama y sé independiente,” que implicaba no enojarse y ser autosuficiente.

Su estrategia entonces para ganar los litigios fue tratar de disuadir a los
jueces con sus argumentos en favor de la igualdad de género y estaba convencida que la mejor forma de ganar una discusión era no gritar. Al principio de su carrera trataba de generar consenso, pero si no lo lograba, ella emitía un voto disidente, a ello se debe ese calificativo con el cual se le reconocía.

En uno de los casos en los que emitió un voto disidente señaló: La capacidad que tienen las mujeres de participar en la vida económica y social del país de manera igualitaria ha sido gracias a tener control de su vida reproductiva. Se pronunció a favor del aborto. “Es fundamental para la igualdad entre la mujer y el hombre que sea ella la que tome la decisión. Cuando el gobierno toma la decisión por ella, está siendo tratada como menos que un humano”.

“Me veía como maestra de jardín de infancia en esos días”. Porque los jueces no creían que la discriminación sexual existiera. Les invitaba a reflexionar respecto a cómo les gustaría ver el mundo para su hijas y nietas. Cuando le preguntaron sobre el numero de mujeres que debía tener la Corte, contestó que 9 porque el número satisfactorio de hombres en la corte hasta 1981 fue de 9.

Estaba convencida de la importancia de la colegialidad de la corte, pero
también defendía su derecho a la disidencia y señalaba es importante estar con la mayoría, pero si es necesario, formularé un voto particular disidente.
Como la indumentaria que utilizaban los jueces estaba diseñada para
hombres, ideó una forma de darle una apariencia acorde a las mujeres y junto con su compañera Sandra O Connor decidieron agregar detalles como collares y encajes de su cuello. De hecho le obsequiaban algunos y tenía uno para cada fecha en que sesionaría la corte y acorde a la decisión o posición que tomaría durante el juicio, tenía uno para emitir voto disidente por ejemplo o ante una decisión mayoritaria utilizaba otro. Fue ampliamente reconocida por las generaciones de jóvenes entre quienes ganó una gran aceptación y admiración. Es del perfil de mujeres que se requiere en los espacios de toma de decisiones para lograr la igualdad de género.

Noemí Carmona
Noemí Carmona
Egresada de la Universidad del Altiplano, dedicada al quehacer periodístico desde el año 1998, con participación en medios impresos y electrónicos en Tlaxcala y Puebla. Apasionada de la radiodifusión y del trabajo social.

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