Convoca SEPE a participar en el 1er concurso nacional de arte gráfico “por todos, úsalo bien”
28 octubre, 2020
Ubica PGJE a mujer reportada como extraviada
28 octubre, 2020

La débil salud de la clase política

Elizabeth Muñoz Vásquez *

El tema de la salud y la política, o la salud de las y los políticos, es polémico, amplio y genera demasiadas aristas.
Yo le pregunto ¿Usted se atendería con un profesional de la salud que está enfermo?
Le cuento rápidamente, hace unos años, tuve que acudir con un médico internista y en la primera cita y en las citas subsecuentes siempre me ofrecía una copa de vino mientras realizaba mi consulta.
Le soy sincera al principio si me descontrolé, no sabía cómo actuar, después me acostumbré, aunque en el fondo había algo que no me permitía aceptar plenamente esa acción de mi estimado Dr. A quien con el tiempo llegue a apreciar.
En otra ocasión, una muela me andaba dando molestias y el dentista que me atendía estaba fuera de la ciudad porque se había ido a un curso, y era tan fuerte el dolor que tuve que acudir -en mi contra- con un dentista cercano al lugar donde trabajaba, sin problema me dijo que me atendía, y justo cuando me dijo que pasara al sillón para que me revisara y apenas había abierto la boca, pasó una mosca sobrevolando cerca de mi cara, sí, una mosca de esas, que les decimos panteoneras, que a un metro de distancia brillaba el color verde de sus alas, créame que el dolor se me olvidó y sin pensarlo le dije al doctor que no me extrajera la muela, porque ya me había advertido que lo realizaría, sino que solo la revisara y me recetara algo para el dolor, porque mi dentista ya me tenía programada.
Disculpas si parezco excesiva, pero no doy crédito aún a que en un consultorio haya moscas; sí, suena exagerado mi actuar, pero Usted que lee seguro hace eso o más, en otras situaciones, por lo pronto ese día salí de ese lugar lo más rápido que pude y por supuesto nunca recomendé ese consultorio.
En otra ocasión, en un día de mucho trabajo, desfallecía de hambre y andaba con otras compañeras en la Ciudad de México, decidimos entrar a un lugar “que no se veía nada mal”, pedimos de comer y justo cuando iba a tomar mi primera cucharada de un rico consomé, se me apareció una cucaracha, al instante dejé todo y ya no probé nada de alimento.
¿A qué viene todo esto?
A que cada una y cado uno de nosotros tenemos nuestras fobias, sí, innegable; nuestros gustos, descuidos o cuidados personales o familiares los hacemos por inercia, por habito, por tradición, porque así nos educaron, por muchos motivos, y tratándose de salud uff, mucho que hablar, desde que nos atrevemos a curarnos con remedios, con medicina homeópata, con medicina alternativa o medicamentos de patente, se supone que todo lo hacemos por nuestra salud, por estar bien.
Nos cuidamos y cuidamos a los demás.
Volviendo al tema del dentista, yo siempre me he preguntado, por qué él, no cuidó ese detalle; por qué el internista no pensaba en lo que los pacientes dirían de su habito de beber vino en plena consulta, indudablemente ni siquiera lo tenían analizado, razonado, aún cuando a su asistente si le causaba pena y hacia grandes esfuerzos para ocultarla.
Y esto que yo le digo, pasa exactamente en las y los políticos, porque sí elegimos a un médico, a un estilista, al peluquero, al carnicero, a un maestro, a quien necesitemos y los elegimos porque saben hacer bien su actividad o su profesión ¿por qué con los políticos nunca hacemos ese análisis? Y ¿por qué no elegimos a personas sanas?
¿Usted, sabe cuál es el estado de salud de quienes nos gobiernan?
De esos hombres y mujeres que vemos a diario en los medios de comunicación y ahora en redes sociales, aparentemente los vemos bien, saludables o estables, pero no siempre es así.
Y sí, me queda claro que la salud personal, es un dato protegido, es nuestro derecho, es derecho de todas las personas, sin importar su edad, ni nivel socioeconómico, el estado de salud no es público y es incluso información reservada, de nadie se puede andar divulgando su condición de salud, pero no es lo mismo, las y los ciudadanos de a píe, que quienes dirigen -o pretenden dirigir-, una comunidad, un municipio, un estado o una nación, ahí las cosas cambian, porque como ciudadanas y ciudadanos, en el caso de los puestos de elección popular, votamos por esos hombres y esas mujeres, para que desempeñen un cargo y confiamos que su salud, física, emocional y psicológica sea aceptable, porque al paso del tiempo nos salen que tienen contratados sendos seguros de salud que les cubren todo, o hacen lo necesario para que así sea.
Y si su salud se deteriora, porque todo por servir se acaba, verdad, están en todo su derecho de decir “no puedo”, “no quiero”, “quiero, pero no estoy en posibilidades”, “necesito descansar”, “necesito atenderme”, “necesito curarme”, “necesito reposo”, y más en estos momentos de la contingencia sanitaria por el COVID, es válido decir lo que padecen o reservarse, resguardarse en sus hogares, para no exponerse, ni exponer a sus equipos de trabajo y a sus familiares, para evitar un problema mayor, pero no jugarle al héroe o a la heroína, porque ahí se les va la vida.
Usted revise periódicos o las redes sociales y verá a funcionarios, a funcionarias, políticas y políticos algunos muy sonrientes, muy arreglados, pero en otros casos, también observará que por más arreglo personal que ellas y ellos tengan, se encontrará caras demacradas, cuerpos adelgazados, tonalidades de piel pálidas y ante este panorama la pregunta es como la frase de la canción de Juan Gabriel ¿Pero qué necesidad?
¿De verdad es por amor a su prójimo el esfuerzo que hacen?
Puede ser, aún hay personas bondadosas, pero soy honesta existen también personas de la clase política que no actúan por ayudar a sus comunidades, sino por fortalecer sus bolsillos y el bienestar de su familia, por ganar “dinero fácilmente” y no importa que su ideología partidista cambie de un día para otro, o que asuman un cargo y no lo terminen por buscar uno más.
Ante ello, lo que se piensa -y así lo dan a entender-, es que su ambición no tiene límites y los rebasa, ya que sus resultados son nulos e insignificantes, están en el poder por los beneficios individuales que les representa, por las truculentas negociaciones que hacen, más no por inteligencia y profesionalismo.
De verdad, queremos una clase política congruente, responsable, honesta y principalmente con salud, si carecen de ella no pueden ofrecer nada a sus gobernados, ni garantizarles ese derecho.
Nadie da, lo que no tiene, nadie es intocable, ni inmune, ejemplos hay muchos ¡Ustedes decidan!
*Red Nacional de Periodistas

Noemí Carmona
Noemí Carmona
Egresada de la Universidad del Altiplano, dedicada al quehacer periodístico desde el año 1998, con participación en medios impresos y electrónicos en Tlaxcala y Puebla. Apasionada de la radiodifusión y del trabajo social.

Comments are closed.