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En el contexto de la conmemoración del Día Internacional por la eliminación de la violencia contra mujeres y niñas, me parece pertinente que abordemos el tema. Ya hemos dado suficientes argumentos de por qué es necesario prevenirla, atenderla, sancionarla y erradicarla, hemos dicho que una de cada seis mujeres al menos han sufrido violencia alguna vez en su vida, que el lugar donde más violencia se vive es en la familia y por la pareja.

Es necesario prevenirla, atenderla, sancionarla y erradicarla por los efectos devastadores que genera la violencia en enfermedad y muerte; cada día en nuestro país mueren diez mujeres por su condición de mujer, además de las desapariciones forzadas y las graves secuelas derivadas de la misma. Es necesario hacerlo también por el sufrimiento y la desesperanza de quienes la padecen: niñas, niños, mujeres, adultas mayores, personas enfermas, o en condición de discapacidad o migrantes e indígenas.

Hemos aprendido también que la violencia se genera porque la diferencia entre las personas se traduce en desigualdad y esto da paso a la discriminación. Un artículo de Deborah Weissman, sobre la Ley de Utah señala que uno de los principales mecanismos para ejercer la violencia contra las mujeres es a través de mermar y/o controlar sus ingresos económicos, al impedir que realice un trabajo remunerado y si lo hace, de tratar por todos los medios de controlar el manejo del dinero y limitando los recursos económicos porque es un elemento que puede generar condiciones para que las mujeres logren su autonomía y puedan romper con el círculo de violencia en el que se encuentran.

Hemos observado que la principal alternativa en la que se ha trabajado para buscar una salida, es sancionando, tenemos un avance significativo en materia de legislación orientada a proteger y salvaguardar la vida de las mujeres cuyos resultados habría que evaluar, es decir, preguntarnos cuántas personas están privadas de su libertad por haber ejercido violencia familiar y/o sexual1 y si esto ha detenido la violencia contra las mujeres. Habría que preguntarnos si las declaratorias de las alertas de género en los estados, definida como “un conjunto de acciones gubernamentales de emergencia para enfrentar y erradicar la violencia feminicida en un territorio determinado, ya sea ejercida por individuos o por la propia comunidad”2. ha logrado cambiar el escenario; los datos del Diagnóstico de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos de Alerta de violencia de Género contra las Mujeres 2019, indican que no sólo no disminuye la violencia sino que en la mayoría de los estados en los que se ha declarado la alerta de género incluso se ha incrementado como es el caso de la Ciudad de México.

Lo anterior nos obliga a reflexionar sobre la pertinencia de nuestras políticas públicas porque estamos olvidando que junto a esta alternativa sancionatoria, debemos promover cambios profundos en nuestra sociedad en el ámbito cultural pero también promover una mayor autonomía económica para las mujeres, lo cual no se lograra continuamos con la pesada carga que se tiene en el ámbito doméstico.

Noemí Carmona
Noemí Carmona
Egresada de la Universidad del Altiplano, dedicada al quehacer periodístico desde el año 1998, con participación en medios impresos y electrónicos en Tlaxcala y Puebla. Apasionada de la radiodifusión y del trabajo social.

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