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Estamos a unos días de concluir este difícil año, caracterizado por la pobreza que genera años de desigualdad, de discriminación y de injusticia; ahora exacerbada por una pandemia que ha dejado hasta este martes 22 de diciembre 1,338,426 casos positivos y 119,495 fallecimientos en nuestro país

Miles de familias lloran la ausencia de sus familiares y deben estar al mismo tiempo alertas para salvar la vida del resto de la familia. Como suele ocurrir en un país tan desigual como el nuestro en donde vive uno de los hombres más ricos del mundo junto con más de la mitad de personas en pobreza, la enfermedad, su atención y la muerte se vive de manera diferenciada. Habrá familias que podrán cubrir el alto costo que implica el tratamiento de la enfermedad por COVID 19 y una buena parte no podrá hacerlo.


El INEGI realizó una estimación a través de un ejercicio de micro simulación que parte de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) de 2018 actualizada a diciembre de 2019 y señala que “Los hogares más pobres tienen un “colchón” de ingresos que, aunque bajo, les permite tener una parte de su ingreso protegida y que proviene de los programas de transferencias monetarias y autoconsumo.” Pero al mismo tiempo, el reporte señala que “El número de personas pobres podría aumentar entre 7.5 y 8.7 millones (utilizando la línea de pobreza
nacional). Los efectos desagregados por área geográfica, etnia y género del jefe de hogar sugieren que el impacto económico del COVID-19 en las áreas rurales es potencialmente menos severo que en las urbanas”

Muchos perdieron su fuente de empleo y otros tantos vieron reducidos sus
ingresos y una buena parte de la población tuvimos la posibilidad de trabajar desde casa de manera alternada, por todo esto, este fin de año se vive de manera diferente, debemos ser capaces de superar las pérdidas al tiempo que continuamos en la lucha por sobrevivir.

No obstante, además de ser precavidos, observando las medidas sanitarias
que nos indican las autoridades sanitarias, debemos a prender a vivir siempre con esperanza, ahora más que nunca, a ser solidarias y solidarios con quienes lo necesitan y a hacer todo lo que nos corresponde para estar bien.
Sin duda esta pandemia nos deja una gran lección: debemos mejorar nuestra cultura de cuidado de la salud porque la población de mayor riesgo para morir por covid 19 es la que tiene enfermedades pre existentes; también nos obligó a mejorar nuestros hábitos de higiene y manejo de alimentos.


Por otra parte, esta pandemia también nos ha dado evidencia del desgaste
de un sistema de salud y educativo que no estaba preparado para enfrentar una situación como la que vivimos.


Estar contando lo vivido a estas alturas del año es una proeza, es momento
de revalorar lo importante en la vida: revisar lo que nos motiva y por lo que debemos empeñar nuestro esfuerzo, en mi caso, me sigue motivando el anhelo de una vida digna para todas y todos, en la que toda persona pueda ser libre y vivir con lo indispensable para su desarrollo.


Agradezco este espacio para compartir estas reflexiones. Al equipo de
trabajo mis sinceras felicitaciones por su gran e incasable labor y al auditorio decirle que es momento de retomar fuerzas para continuar con esta lucha por preservar la vida, una vida digna y justa.


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Noemí Carmona
Noemí Carmona
Egresada de la Universidad del Altiplano, dedicada al quehacer periodístico desde el año 1998, con participación en medios impresos y electrónicos en Tlaxcala y Puebla. Apasionada de la radiodifusión y del trabajo social.

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