Vaya sesuda estrategia la trazada por el encargado del Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) en Tlaxcala, Joel Molina Ramírez, el apostarse al enojo de la sociedad en torno a las políticas públicas federales como estrategia electoral para que su inminente candidato, Andrés Manuel López Obrador, ahora sí se haga de la banda presidencial
El ex priista, el ex orticista, pues laboró de cerca con el gobierno del PAN que encabezó Héctor Ortiz y ahora Morenista parece que se le enmohecieron las ideas y de estrategias electorales ya sabe muy poco, pues apostarle solo al enojo popular es una gran barbaridad sobre todo cuando como lo afirmado.
Eso lo dejó claro en la entrevista concedida a estado29.mx con nuestra compañera Lucía Pérez, a quien les confió que van arrasar en este proceso electoral porque “coadyuva a su proyecto la molestia de la gente”.
Joel Molina Ramírez es un priista de la vieja guardia. Se formó a la vida y pensamiento del tricolor y lo que son las cosas, nunca la lealtad al sido su sino, sino pregúntenle a Martha Palafox.
Él llegó a Morena a invitación de Martha Palafox, con quien al parecer mantuvo una relación que era más allá de tipo laboral, lo hizo coordinador de su campaña a la gubernatura y partidista, pues fue nombrado administrador del partido.
Sin embargo, la senadora Martha Palafox puso tierra de por medio con él; nadie le quita la idea, que como reza el adagio, “el que a hierro mata a hierro muere” y ve en Joel Molina a su principal verdugo.
Una traición política le endilgó a Joel Molina como también un presunto affaire con su otrora nuera, Isela Rojas Amador, la ex directora de Desarrollo Comunitario y Pueblos Indígenas del Sepuede en los sexenios de Héctor Ortiz y Mariano González Zarur, ex pareja de su hijo Carlos y coordinadora de Morena en el distrito federal 02, le nublaron la razón a Martha Palafox.
A sabiendas de su proceder y de lo que se dice de él, Joel Molina ha cerrado más la burbuja de Morena en torno a la cúpula y toma de decisiones, porque no quiere que ahora, alguien que lo traicione. Y ello no es casual, porque siente que merece y ser el seguro candidato número de la fórmula de Morena al Senado y con amplias posibilidades de arribar a la Cámara Alta del Congreso de la Unión.
Por eso presume de trabajo que no es suyo, no conoce a la militancia. Se ufana de que está por concluir la conformación de los 608 Comités Seccionales, pero serán de carne y hueso o solo de membrete para abonar a sus aspiraciones.
Joel Molina le urge un curso intensivo de nuevas estrategias electorales, lo dicho en este espacio la víspera es realidad, las elecciones ahora se ganan con votos, estructura y dinero. Por desgracia paras las huestes de Andrés Manuel López Obrador, la idea progresista de Morena no tienen en Tlaxcala un liderazgo de esa altura, no sabe de las nuevas tecnologías de la información y comunicación, tampoco de técnicas y tácticas de poder social y comunicación organizacional, pues su forma de hacer política la aprendió del PRI, en donde la compra de conciencias y votos era el pan de cada elección.
Por ello, no dudo en señalar que si el precandidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador, tuviera mejores asesores y entendiera mejor los contextos de cada estado y pueblos, le iría mejor, pero se deja endulzar el oído por los que buscan llegar a donde nunca los dejaron pasar en sus partidos de origen, como el señor Joel Molina.
























































