Tlaxcala se cayó en el rubro de obra pública y ello propicia que la economía estatal tenga el mismo efecto; mucho del engranaje y del movimiento del capital se da en torno a las acciones de infraestructura del gobierno estatal y municipal.
Pero por desgracia, en el primer bimestre del año y de la administración priista de Marco Antonio Mena Rodríguez y de las nuevas administraciones municipales, ese sector, estuvo casi paralizado, al grado que de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), cayó en 86 por ciento de acuerdo con indicadores del valor de la producción generado por las empresas constructoras del sector público a nivel nacional.
Y cómo no será esto así, si apenas la semana pasada se puso en marcha el programa estatal de obras públicas, que para este año tienen contemplado un presupuesto de 800 millones de pesos, cifra que representa solo 4 por ciento del total del presupuesto destinado para Tlaxcala.
El titular de la Secretaría de Obras, Desarrollo Urbano y Vivienda (Secoduvi), Francisco Javier Romero Ahuactzi anunció que la semana pasada, a casi cuatro meses de iniciado el ejercicio fiscal, por fin arrancó con el Programa General de Obra (PGO), aunque esto solo sea con las primeras licitaciones referentes a imagen urbana, saneamiento y alcantarillado.
Por eso Tlaxcala ya se ubicó a nivel nacional con el peor arranque del año en la materia, situación que viven también, solo como consuelo, otras 20 entidades federativas, aunque de acuerdo con una publicación del diario El Economista, es la de Tlaxcala la caída más prolongada 88.6 por ciento, seguida de San Luis Potosí con 79.1 por ciento, Tabasco con 74.8 por ciento, Guerrero con 68.6 por ciento y Michoacán 59.1 por ciento.
Qué pasa en Tlaxcala, por qué no fluye el capital a favor de obra pública. Quizá no hay un programa de obras; la improvisación del ex diputado Romero en la Secoduvi genera esto o bien, todo gira en la necesidad de que Tlaxcala tenga ya su Plan Estatal de Desarrollo.
Son dudas; son interrogantes que nos hacemos cuando damos cuenta de éste nada honroso primer lugar nacional por la caída en el valor de producción generado por empresas constructoras en el sector público a nivel nacional.
Pero también, quizá, es mera interpretación, el triángulo de prioridades del gobierno estatal no tiene en uno de sus vértices a la infraestructura, porque esta administración va por empleo, educación y salud.
Pero no hay que perder de vista que de esta condición en la que está inmerso Tlaxcala también son corresponsables los 60 ayuntamientos, que en la mayoría de los casos, utilizan una gran parte de sus presupuestos para gasto corriente, salarios, gratificaciones y desde luego para algunos viajes, como esos que ya se dieron los ediles de Panotla, Xicohtzinco y Totolac a Cuba, entre otras canonjías.
Además, sin exculpar a unos y a otros, es un hecho que la Federación recortó partidas para obras públicas; aunque ya lo dijo un funcionario estatal, “con imaginación y amor”, todo se puede.
En cambio, el coordinador del Centro de Investigación en Economía y Negocios (CIEN) del Tecnológico de Monterrey, Héctor Magaña propone que para paliar esta situación se debe revisar muy bien el presupuesto para tratar de impactar en menor medida recortes al gasto en infraestructura, retomar nuevamente el presupuesto base cero para utilizarlo de forma efectiva, además de ver cuáles son los programas que están funcionando y cuáles no para retirarlos y destinar esos recursos a este sector de la infraestructura. En suma, menos canonjías a la burocracia, menos acciones de oropel y más infraestructura.
























































