Las autoridades municipales y sus inventos y omisiones trianuales son responsables también del incremento en la inseguridad del estado de Tlaxcala.
A pesar de que cuentan con recursos y fondos en materia de seguridad –los cuales han ido en constante aumento- lo cierto es que no han incidido en la paz y en la estabilidad de sus demarcaciones.
La contratación en las corporaciones policiacas municipales de personal sin el perfil adecuado, ni conocimientos y mucho menos con el compromiso social en materia de seguridad, hacen que estas instancias de primer contacto sean un fracaso.
Muestra de ello es que de acuerdo con cifras oficiales, los municipios del estado que presentaron mayor incidencia delictiva fueron: Apizaco, Tlaxcala, Huamantla, Chiautempan, San Pablo del Monte, Zacatelco, Cuapiaxtla, Tetla y Yauhquemehcan. En suma, los más grandes demográfica y territorialmente hablando, ello de acuerdo con datos de la Comisión Estatal de Seguridad, referente a Estadísticas de Incidencia Delictiva en Tlaxcala, 2016.
En delitos graves como el secuestro, en 2016 Tlaxcala registró cinco delitos; los homicidios dolosos sumaron 77 incidentes y se registraron 286 homicidios culposos. En Tlaxcala, el robo en diferentes modalidades (robo a casa habitación, robo de vehículos, robo a comercios, robo a transeúnte), es el delito de mayor impacto.
En 2016, el robo de vehículos destacó como el de mayor incidencia en el territorio estatal, concentrándose en dos ciudades del estado: Apizaco y Calpulalpan.
Le siguió el robo a casa habitación y a comercios, dónde Apizaco y Tlaxcala fueron las zonas más afectadas. San Pablo del Monte y Apizaco registraron la mayor tasa de robo a transeúnte.
En robo en carreteras, el estado promedió 74 incidentes mensuales en 2016. El incremento de este tipo de delito constituye un riesgo de seguridad que debe ser atendido en coordinación con la Policía Federal.
Por ello, es impostergable que las autoridades municipales también hagan lo que les corresponde. Ni más ni menos. Que contraten como director de sus corporaciones a personas con capacidad, calidad y entereza para cuidar los intereses de la sociedad y no a sujetos que han hecho de esas posiciones un coto de poder, sobre todo, financiero.
No podemos dejar en manos de ellos el cuidado de la familia, la estabilidad social que existe en Tlaxcala, que a pesar del incremento en conductas ilícitas, es cierto también, no se comparan con los registros en otras entidades, incluidas nuestras vecinas y asentadas en el altiplano del país.
























































