El descrédito de la política está en manos de quienes han hecho de esta noble actividad –así ideada- su principal fuente de ingresos, su fundamental operación, la fuente de su riqueza.
Los partidos políticos y las instituciones que rigen y arbitran las actividades de éstos en su puja por acceder al poder público se han encargado, más los primeros, en el descrédito que vive esa actividad y la baja estima y el desencanto sobre la democracia.
Los partidos políticos se han encargado de enlodar, con prácticas ilegales, el ejercicio democrático de votar y ser votados. Esa es mi postura, que ayer, a nombre de la Unión de Periodistas del Estado de Tlaxcala, externé en el marco de la instalación de la mesa Diálogos para una Cultura Democrática, que amablemente me designó la mesa directiva de mi agrupación de reporteros.
Y es que son los partidos políticos, a través de sus hombres y mujeres, quienes hacen y deshacen la voluntad ciudadana; quienes enlodan el derecho ciudadano. Ellos, con la finalidad de acceder al poder o mantener éste, hacen todo lo habido y por haber.
De esos actos, siempre, cuando así conviene a sus intereses, responsabilizan, acusan, agreden y descalifican al árbitro electoral. El INE a nivel nacional o Instituto Tlaxcalteca de Elecciones (ITE) en el ámbito estatal. Pero olvidan, que en su momento, a través del Congreso de la Unión, las fuerzas políticas se reparten los espacios en el Consejo General del INE y son los consejeros nacionales quienes eligen a sus pares locales. Es decir, los partidos son los responsables de sus actos.
Con ello, como ha aceptado el presidente del Instituto Nacional Electoral, Lorenzo Córdova Vianello, para nadie es un secreto que la política y la democracia no atraviesa su mejor momento.
“Prácticamente todos los estudios en la materia revelan el malestar y descontento de amplias franjas de ciudadanos con los resultados de la democracia, cuando no con la democracia misma…Las expectativas puestas en las instituciones y autoridades surgidas de las urnas derivan en decepción ante la capacidad de respuesta y la debilidad del estado de derecho. La baja estima de los partidos políticos y de los parlamentos (instituciones indispensables de todo sistema democrático), la erosión de la confianza en las instituciones públicas y entre las personas, así como el consecuente debilitamiento del tejido social, son fenómenos que reflejan el desencanto con la democracia y subrayan la necesidad de impulsar un cambio cultural”, se flagela el presidente del INE al reconocer y repartir culpas de ello.
Pero, insisto, son los partidos los principales responsables, porque en las últimas dos décadas en Tlaxcala, la constante ha sido hablar del “cochinero” de las elecciones, en las que lo mismo se le acusa al PRI, al PRD y al PAN de incurrir en abusos y excesos para mantener el poder que ejercieron en el gobierno estatal, por ejemplo.
El PRD, a partir de 1999, infló y creó organizaciones sociales a granel. En ellas sustentó la estrategia gubernamental y el sueño de continuidad de lo que fue llamado, por Porfirio Muñoz Ledo, el continuismo en el mandato de Alfonso Sánchez Anaya, a través María del Carmen Ramírez, la Hilaria tlaxcalteca, porque aquello de Hillary Clinton.
El PAN no fue la excepción. Un Virreinato llamado Tlaxcala. En donde, como nunca, el uso de recursos y programas no solo fue para hacer nuevos ricos, sino con la idea de perpetuarse en el poder.
Y el PRI no fue distinto. Con la maquinaria aceitada, recursos locales y federales, operaron para ganar los tres distritos electorales federales y no perder la gubernatura.
Entonces, son los partidos políticos –por cierto, ausentes ayer en esta mesa de diálogos, porque mandaron a representantes- los principales responsables de las condiciones en la que está enterrada la democracia y la participación genuina de la ciudadanía.
Parafraseando a la poeta Juana Inés de Asbaje y Ramírez, la mayor figura de las letras hispanoamericanas del siglo XVII, conocida como Sor Juana Inés de la Cruz: “Partidos necios que acusáis al árbitro electoral, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis”.
























































