A mis compañeros de la UPET
A Jane, Ara, May, Isa, Hugo
A mis guías: Popo, Agus, JuanTata, Marto, Gerardo y David
A mi hermano Che… gracias
A todo el staff de estado29.mx
“Aunque se sufra como un perro, no hay mejor oficio que el periodismo”: Gabriel García Márquez.
Día estatal del periodista es el que se celebrará este sábado en nuestra entidad, aunque no hay mucho que festejar cuando ejercer esta noble actividad en Tlaxcala conlleva violaciones a los derechos laborales.
Atrás de la publicación de una nota se esconden relaciones laborales perversas, traducidas en falta de contratos formales, simulación e incumplimiento impune de normas mínimas por parte de la mayoría de los dueños de los medios de comunicación.
Aunque la Comisión Nacional de Salarios Mínimos fijó para este año un salario profesional de 227.41 pesos diarios para el empleo de reportero, lo cierto es que más del 80 por ciento de quienes ejercen esta actividad en nuestra entidad reciben mucho menos; mientras que la cifra es superior de aquellos no reciben prestaciones conforme a la Ley Federal del Trabajo y tampoco gozan de seguridad social y qué decir, estabilidad con dignidad.
Los patrones, ya sean dueños o directores, usan a los reporteros a sus intereses, comerciales o políticos, y son, muchas de las ocasiones, monedas de cambio y personas desechables. En cualquier momento al periodista se le despide y no pasa nada. No hay una autoridad que esté en guardia velando por nuestros derechos.
Entonces, qué festejamos.
En Tlaxcala, existe un centenar de medios de comunicación y no es exageración. Entre impresos, digitales, radiofónicos y televisivos -muchos de ellos regionales-, la lista llega a esa cifra de tres dígitos, con el riesgo de quedarnos en un “piso bajo”.
Entonces, sin tan jodida está la situación, porqué tantos medios de comunicación.
Más allá de calidad, seriedad, veracidad, compromiso social y otros aspectos, medibles, aunque subjetivos, lo cierto es que el auge, creación y nacimiento de más medios de comunicación no significa que exista una mayor demanda de la sociedad por estar informada; no, es la necesidad de un sector de social que busca empleo, fuentes de trabajo, por precarias que éstas sean y han encontrado en el Estado –no solo gobierno, sino organismos, autoridades y demás-, su mejor empleador.
Muestra de ello, sin ser peyorativo, ahora cualquier persona con una cámara fotográfica –muchas veces la de celular- y con una grabadora –también incluida en este moderno teléfono-, además de ser posible un chaleco, se dice, se siente y se comporta, según sus cánones o lo que entienden, como reportero.
Pero también están, los profesionistas –no profesionales- que estudiaron alguna carrera universitaria para dedicarse a la actividad reporteril. Comunicólogos, periodistas, sociólogos, politólogos, abogados, antropólogos, literatos, y una larga lista de otras profesiones, que han incursionado en este oficio, el cual por cierto, no es reconocido como una profesión.
Es más, pese a las condiciones de riesgo que conlleva ser reportero, y aun cuando la Ley laboral reconoce 18 profesiones que por la naturaleza de su trabajo requieren protección especial, la de periodista no está definida ni contemplada en la Ley Federal del Trabajo mexicana, simplemente no existe.
La legislación incluye así a trabajadores de confianza, buques, tripulaciones aeronáuticas, ferrocarrileros, autotransportes, maniobras de servicio público en zonas bajo jurisdicción federal, campo, agentes de comercio y semejantes. También incluye deportistas profesionales, actores y músicos; quienes realizan trabajos a domicilio, domésticos, en hoteles, bares y otros establecimientos análogos; de la industria familiar, médicos residentes en período de adiestramiento en una especialidad y en las universidades e instituciones de educación superior autónomas por ley. Pero nosotros no tenemos esa condición.
Entonces qué festejamos cuando los poderes del Estado, en su mayoría, así como los partidos políticos, grupos sociales, organizaciones empresarias y sindicatos ven a los reporteros y periodistas como meros publirrelacionistas.
Es culpa de ellos o de nosotros, que no hemos sabido defender nuestro origen que es comunicar, informar y dar voz a la sociedad. Ya lo dijo George Orwell “periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques. Todo lo demás son relaciones públicas”.
A pesar de ello, mañana hay que festejar. Mi enhorabuena a los periodistas de Tlaxcala, guerreros de la adversidad.
























































