Tlaxcala una entidad sumida en la corrupción, al menos eso muestran los números fríos que nos reveló la Encuesta Nacional de Calidad Regulatoria e Impacto Gubernamental en Empresas (Encrige), cuyos resultados fueron dados a conocer por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
En este estudio, realizado a finales del año pasado, dan cuenta que Tlaxcala es una entidad poco atractiva para las empresas, debido a su alto índice de corrupción, porque en números generales, 84 por ciento de los hombres de negocios percibieron que los actos de corrupción, de parte de los servidores públicos, fueron “muy frecuentes” o “frecuentes” durante 2016.
Los actos de corrupción fueron por agilizar trámites, evitar multas o sanciones, obtener licencias o permisos, evitar la clausura del establecimiento, pagar menos impuestos, evitar inspecciones, obtener un servicio, ganar contratos gubernamentales y participar en licitaciones.
Este estudio demoscópico también da cuenta que nuestra entidad registró 2 mil 29 víctimas de corrupción por cada 10 mil unidades económicas o empresas, solo superado en este rango por Quintana Roo, en donde la percepción de los hombres de negocios fue que 2 mil 77 tuvo de ellos que padecer este problema.
Además, por actos de corrupción al realizar trámites o inspecciones a empresas o unidades económicas, nuestra entidad ocupó el nada agradable tercer sitio nacional por el mayor número de incidencia, solo debajo de entidades como el estado de México y Guerrero.
Ello porque esta encuesta reveló que por cada 10 mil unidades de producción o empresas, durante el 2016, reportaron 30 mil 554 casos de este tipo, es decir, poco más de tres actos de esa índole por cada una de éstas.
También da cuenta que 64.6 por ciento de las unidades económicas considera que los actos de corrupción se producen para agilizar trámites. Por otro lado, 39.4 por ciento admitió que dichos actos se generan para evitar multas o sanciones.
Pero no solo ello, el sistema regulatorio que existe en la entidad es considerado como una carga que impide la apertura de nuevas firmas, ya que 20.2 por ciento de los encuestados consideró que las normas, trámites, solicitudes e inspecciones para los establecimientos según su actividad, representó un obstáculo para el logro de sus objetivos de negocios.
Con estas cifras, a 13 días de que Tlaxcala deba estrenar su sistema anticorrupción, el lastre que se tiene es grave y pesado, dado que los actos de gobierno están infestados de conductas ilegales de sus funcionarios, en los tres niveles.
De ahí la necesidad de que los legisladores, principales implementadores de éste, no vean en la creación del mismo la forma de evadir sus responsabilidades. Tampoco lo deben hacer aquellos adalides, ahora convertidos en críticos del sistema en algunos medios de comunicación; ellos, acostumbrados a vivir del erario, aunque digan lo contrario, deben dejar de auto promoverse como los salvadores de Tlaxcala e impolutos, en el combate a ese flagelo, pues más de tres de ellos, han hecho de sus plumas y comentarios, su principal forma de sobrevivir a base de dádivas.
Tlaxcala debe cambiar y no es por decreto, sino con acciones decididas desde el poder para modificar la condición de las cosas. Gobierno Honesto, Eficiente y Transparente, establecido en el Plan Estatal de Desarrollo 2017-2021, debe ser la punta de lanza para acabar con ese lastre.
Erradicar la corrupción de la función pública, a través del ejercicio transparente, eficiente y tecnológico de los servicios que presta el estado son las premisas de esa estrategia, con una renovación administrativa a partir de la implementación de más y mejores tecnologías al servicio de la función pública.
La propuesta puede ser buena, siempre que se haga efectiva, porque de lo contrario, quedará como anécdota, sí una anécdota muy pesada que seguirá rezagando a Tlaxcala del escenario y de la competitividad nacional. De seguir así, no apareceremos en el mapa del país de los buenos resultados, por el contrario, nuestras menciones serán de escarnio y de vergüenza por todo lo que se ha dejado de hacer.
























































