La labor legislativa en México y que es replicada en los estados, siempre ha estado supeditada y sumisa a los designios e interés del titular del Ejecutivo en turno. El gran legislador es y por desgracia, seguirá siendo el presidente de la República y los gobernadores, según sea el caso.
Y en Tlaxcala, esa máxima presidencialista es real y sino, pregúntenle al mandatario Mariano González Zarur, que de las más de 80 iniciativas que ha enviado al Legislativo para su atención, prácticamente todas ya han sido aprobadas.
Sin embargo, después de los resultados electorales recientes, la figura del gobernador en turno está acotada, pues su hegemonía parlamentaria ha ido en declive y ya la tiene que compartir con el triunfador de esos comicios.
Es un hecho que el actuar del Poder Legislativo –aunque el Judicial, organismos autónomos y ayuntamientos también tienen el mismo cante- tendrá el derrotero que decidan Mariano González Zarur y su sucesor, Marco Antonio Mena Rodríguez.
No habrá poder ni interés alguno que frene cualquier orden, disposición o sugerencia –al final, es lo mismo- que uno u otro quiera realizar, sobre todo; no habrá legislador que ponga objeción a los mandatos de a quien le quedan poco más de cuatro meses en el ejercicio del poder público estatal.
Pero tampoco habrán de oponerse a lo que ordene el ex diputado local y ex líder del PRI, Marco Antonio Mena Rodríguez, pues con esa victoria electoral –que está pendiente su ratificación por el Tribunal Electoral Federal- tiene a ambos priistas en una especie de nube política, en la que se avizora la culminación tersa de la presente administración y el inicio halagüeño para el sucesor.
Ello condimentado por el servilismo natural de muchos legisladores –insisto, incluidos magistrados y funcionarios de organismos autónomos-, quienes aspiran a colarse en la próxima administración estatal o bien, tener empleo en el gobierno federal, facilita el entendimiento y la suma de voluntades.
Con esa realidad, es un hecho que en las próximas semanas se resolverán, por arte de magia, la designación de los integrantes del Consejo Consultivo de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, habrá claridad en el nombramiento del nuevo titular del Órgano de Fiscalización Superior y otros pendientes serán superados y qué decir de las cuentas públicas, que ya empiezan a ser planchadas.
La realidad del Legislativo y del resto de los poderes deambulará en sus últimas semanas bajo el designio de quien a partir del 1 de enero dirigirá Tlaxcala.



























































