Marianito González Aguirre ha hecho de su paso por las áreas de la administración pública una veta para aumentar su capital financiero y apuntalar sus aspiraciones políticas. El gordo o pelón, como le dicen sus amigos, ha sabido para qué es el poder, y desde éste ha hecho negocios y ha incurrido en chantajes para sacar raja financiera y electoral.
Desde antes que su padre fuera gobernador, ya sabía cómo moverse y a más de uno le espantó con “el petate del muerto”, ya que las historias de cómo lograba colarse en actos oficiales priistas y en espacios de toma de decisiones, relatan que siempre amedrentó con la imagen de su tata, Mariano González Zarur.
Y eso siguió pasando, solo que de manera exponencial, cuando su padre logró la titularidad del Ejecutivo local, desde donde amasó fortuna gracias a sus redes de complicidad e intereses. Sometió a muchos a sus negocios y voluntad.
Y ésta pretende extenderla a la administración de Marco Antonio Mena Rodríguez, a quien ha tratado como su empleado, o al menos, así se expresa de él. En corto, no tiene empacho en asegurar que el gobernador es lo que es gracias a él y todo se lo debe a él. Ese es el discurso que utiliza para tratar de engañar a tontos en su pretensión de ganar las elecciones a diputado federal.
El gordo Marianito, en las últimas semanas, ha ofrecido secretarías, direcciones y áreas de la administración estatal a cambio de que los beneficiados y sus grupos se sumen a su proyecto político; afirma que tiene sometido al mandatario para que cumpla con sus exigencias de colocar en dichos espacios a sus incondicionales y ahora aliados electorales.
Incluso, el arribo de Javier Rivera, empresario abarrotero y ex candidato perdedor a la presidencia municipal de Apizaco por el PRI, al Fomtlax, lo presume como el ejemplo claro de su poder de decisión e imposición con Marco Mena; grita desde su ombligo que la salida de Silvestre Velásquez de ese espacio y el arribo de él fue gracias a su oficio político y a las facturas que ya está cobrando con el gobernador.
Y como ese movimiento, advierte, habrá más porque todos los que se sumen a su proyecto tendrán su respaldo y espacios en el gobierno de su alfil.
Pero no solo eso. Marianito no había necesitado de espacios formales en la administración pública para saborear las mieles del poder, pero ahora que ya se incrustó en el Legislativo, ha hecho de éste su principal fuente de riqueza y financiamiento para campaña.
Muestra de esta situación es que en el primero año se hizo de la presidencia de la Junta de coordinación y Concertación Política, desde donde manejó los recursos e impuso a la empresa que hace las obras de remodelación del Palacio Legislativo, acción que costará 25 millones de pesos.
Desde esa posición se otorgó un salario mensual, total que supera los 200 mil pesos. De acuerdo con un oficio signado por la contadora Lilian Rivera Nava, secretaria administrativa del Congreso local y prima de Marianito, éste ganó durante 2017, la cantidad de 123 mil 287.56 pesos como remuneración bruta, más ingresos por sueldo y despensa de 15 mil 680.70 pesos y una compensación por 107 mil 606.86 pesos.
Todos esos excesos los presume sin empacho, pero hay varios damnificados por sus acciones que seguramente se las van a cobrar en esta campaña electoral.
























































