Las tres principales propuestas presidenciales y sus respectivas coaliciones, parece que ofrecen lo mismo, acabar de una vez con esa maldita enfermedad del sistema político nacional llamada corrupción.
A tres días de haber iniciado las campañas electorales, los candidatos de cada una de las coaliciones Juntos Haremos Historia, con Andrés Manuel López Obrador, Todos por México, José Antonio Meade Kuribreña y Por México al Frente, Ricardo Anaya Cortés, han mostrado sus principales propuestas y prácticamente en todos, está el combate a la corrupción.
Aunque no nos han dicho al ciencia cierta cómo habrán de cumplir esa promesa en caso de llegar a Palacio Nacional, lo cierto es que en gran parte de sus respectivos discursos han utilizado ese problema como bandera.
Incluso, de manera ramplona y hasta burda, que raya en el cinismo, el candidato oficial Meade Kuribreña ya ofreció hasta su vida para defender a México y erradicar la corrupción.
Aunque pesa sobre su partido, aunque se dice candidato ciudadano, el descrédito porque encarna lo peor del sistema político corrupto, el abanderado del tricolor ha dicho y se ha jactado de honesto, por lo que anunció que será “implacable para combatirla, lo haré con leyes e instituciones que permitan recuperar inmediatamente lo robado”.
Además del combate a la corrupción ha propuesto igualdad salarial entre hombres y mujeres; enfoque integral contra la inseguridad; incrementar las escuelas de tiempo completo y que ningún bebé nazca en pobreza extrema. Propuestas ambiciosas, solo falta ver cómo lo pretende hacer.
Andrés Manuel, San Andrés, para sus amigos, ha reiterado su bandera de combatir la corrupción. En su primer acto público de esta enésima campaña –exagero, apenas van tres presidenciales- consideró que el sistema político desde 1983 ha operado, no para los ciudadanos, sino para la corrupción, “para hacer negocios al amparo de los cargos públicos”.
Por ello, ofreció que en su administración estarán “hombres y mujeres de inobjetable credibilidad para que el gobierno deje de ser un comité al servicio de la minoría rapaz (y para que) el gobierno represente a todos y a todas, a pobres y a ricos, mayorías y minorías, a creyentes y a no creyentes, a pobladores del campo y de la ciudad, a mexicanos de todas las clases sociales”.
Pero, hay señalamientos contra algunos de sus fieles seguidores y operadores, Napoleón Gómez Urrutia y René Bejarano; y otros muchos que incumplen la tríada de cualidades exigidas por el líder de Morena, pues han robado, han mentido y han traicionado al pueblo.
Además del combate a la corrupción ofreció reducción de impuestos; pensión para grupos vulnerables, aumento al salario mínimo, cancelación del nuevo aeropuerto, defensa de México en contra del presidente de Estados Unidos, Donald Trump y reforma educativa.
También el Chico Maravilla, Ricardo Anaya, anunció su deseo de erradicar la corrupción. Incluso, en su propuesta iniciar de campaña, sostuvo que este flagelo mantiene soterrada la posibilidad de crecimiento del país. Además, con esa bandera, aprovechó para arremeter en contra del presidente Enrique Peña Nieto al asegurar que el gobierno actual es “uno de los gobiernos más corruptos en la historia de nuestro país; ha aumentado la desigualdad, ha aumentado la pobreza (…) hay violencia en prácticamente toda la República Mexicana”.
También prometió reducir el IVA en la frontera norte, precios de las gasolinas en la misma zona fronteriza, endurecer el discurso hacia el gobierno de EU, de ser necesario y aumentar la competitividad México-Unión Americana.
Pero a pesar de esta perorata, ellos y todos los candidatos deben tener claro que los mexicanos estamos hasta la máxima capacidad de tolerancia e incredulidad, así que es tiempo de que hagan de sus discursos una realidad, porque ya estamos hartos de promesas, se requiere de hechos.
Al margen:
Con el inicio de las campañas, también se dio el banderazo al mercadeo de votos y de figuras políticas, que buscan esta ocasión para tratar de vender espejitos a sus incautos y sacar raja política de esta contienda.
Como en cada proceso, habrá anuncios de renuncias partidistas y adiciones a nuevos patrones hechos partidos, todo ello, aderezado de cifras de supuestas fortalezas políticas. Ayer les tocó a dos personajes, que anunciaron su retorno a su pasado reciente.
El turno fue para el ex gobernador Alfonso Sánchez Anaya, quien anunció que su agrupación política local defenderá la propuesta de Andrés Manuel López Obrador.
En esta sazón electorera, el ex funcionario estatal y otrora aliado de los hermanos Héctor y Serafín Ortiz, Lincoln Rodríguez, anunció su renuncia al PAC y su adhesión al PRI, de donde “nunca debí salir”.
Solo ellos dos saben el precio de su decisión y los aspiraciones de hacerlas redituables, solo acotar que los tiempos de acarrear votos, ya cambiaron.
























































