Quiero dedicar esta colaboración a la familia Romero Tezmol, la familia de Karla Romero Tezmol, la pequeña de 11 años de edad que desapareció desde enero de 2016 en San Pablo del Monte, y que la autoridad estatal a la fecha no ha logrado localizar, y también dedicar la colaboración a todas las familias de mujeres de Tlaxcala que han desaparecido y que a pesar de haber sido localizadas, su vida no ha vuelto a ser la misma.
La autoridad estatal y federal ha demostrado que no es lo mismo cuando desaparece una persona de la sociedad, una persona común, que cuando desaparece un personaje de la política, por ejemplo el caso del ex gobernador tlaxcaltecaTulio Hernández, quien hace unos meses lo encontraron en menos de 48 horas, después de que se hizo pública su no localización, situación que no sucede con frecuencia en otros casos y la prueba es la misma Karla Romero, a quien su familia no la deja de buscar y para la autoridad estatal es solo un expediente más.
Ayer, 30 de julio se conmemoró el Día Mundial contra la Trata de Personas, una fecha que tiene por objetivo concientizar a la sociedad sobre la situación de las víctimas del tráfico humano y para promocionar y proteger sus derechos».
¿Cómo surge esta fecha?
En 2010, la Asamblea General de la Organización de la Naciones Unidas (ONU) adoptó un Plan de Acción Mundial para Combatir el Tráfico de Personas, urgiendo a los Gobiernos de todo el mundo a derrotar este flagelo. El Plan llama a integrar la lucha contra la trata en los programas de las Naciones Unidas para el fomento del desarrollo y el refuerzo de la seguridad mundiales. Una acción crucial del Plan es el establecimiento de un Fondo Voluntario Fiduciario para las víctimas del tráfico, especialmente mujeres y niños.
En 2013, la Asamblea General de la ONU sostuvo una reunión para evaluar el Plan de Acción Mundial. Los Estados miembros adoptaron la resolución A/RES/68/192 y designaron el 30 de julio como el Día Mundial contra la Trata.
Desde el 2013, las autoridades de todos los ámbitos, en todo el mundo, principalmente de los países miembros de la ONU están obligados a combatir este flagelo y México es uno de los países socios de este organismo internacional y ante ello Tlaxcala, como parte del Estado mexicano, no puede quedarse atrás, ni hacerse a un lado en la lucha contra un fenómeno que ha puesto a Tlaxcala en el plano internacional, ya que es considerado desafortunadamente como “cuna de tratantes”.
¿Indignante el calificativo verdad?
Pues habiendo tantas cosas de nuestra entidad que podemos presumir, teniendo una historia tan basta y tradiciones que nos dan identidad y que se pueden y deben socializar, siendo un estado de guerreros, de mujeres y hombres que día a día, luchamos por poner a Tlaxcala en alto, las autoridades estatales y municipales se quedan cortas en sus acciones para combatir la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual, y se resisten en aceptar la magnitud del problema y se justifican diciendo que “es una problemática mundial, que no es privativa de Tlaxcala, que sucede en todo el mundo” .
¿Y eso qué?
¿Qué con que suceda en todo el mundo?
Lo que importa es aceptar y actuar contundentemente en nuestra entidad contra este delito .
Ante esa actitud pasiva y pareciera que no se actúa porque se afectan intereses, el problema ha ido creciendo en Tlaxcala y la lucha más fuerte ha sido de parte de la sociedad civil organizada, lo mismo grupos de la iglesia católica, e incluso los últimos dos obispos en el estado, Don Francisco Moreno Barrón y ahora Don Julio César Salcedo Aquino, han puesto el dedo en la llaga, y además diversas asociaciones civiles han visibilizado el fenómeno y han exigido una y otra vez, prácticamente desde hace más de 15 años, que se prevenga y combata el delito de trata y se atienda eficazmente a las víctimas, lo cual no ha sucedido.
Pareciera que se dan golpes contra la pared o contra el aire, pues mientras las organizaciones civiles luchan y denuncian la trata de mujeres, las y los que se dedican a este delito, seguro hasta se ríen y se consideran intocables desde donde están, ya sea que vivan en el extranjero, aquí en México o en Tlaxcala, desde donde están operan sus redes, o bien se hacen pasar por empresarios o comerciantes e incluso hasta suelen presumir de ser grandes amigos de policías, autoridades municipales o de autoridades que están el poder legislativo o en el judicial; es decir se sienten intocables y así ha de ser, porque en Tlaxcala el número de denuncias o de sentencias en contra de estos delincuentes es muy baja.
A diario vemos en diversos puntos de Tlaxcala, ya sea en lugares abiertos o cerrados, es decir en las carreteras, bares o antros, como la prostitución ahí está, se ha vuelto parte normal del panorama ver a las mujeres ahí, paradas –sin importar el clima y el horario- están en calles y carreteras o bien en los antros, que operan con el permiso que les extiende la autoridad municipal, e incluso sin el permiso de éstas, los bares funcionan y cuando la autoridad hace sus operativos, extrañamente los clausuran por cosas relacionadas a protección civil o de salud, -que no dejan de ser importantes-, pero hasta este momento no ha sido cerrado ningún bar o antro por el delito de explotación sexual o prostitución, pues las mujeres que ahí trabajan, las obligan a decir que “están ahí por su voluntad”, y ahí las tienen trabajando, y la sociedad ha estigmatizado a estas mujeres y considera que “están ahí por su gusto” o bien “porque ganan mucho dinero”, pero nadie sabe qué historia se escribe detrás de cada una de ellas.
En Tlaxcala la prostitución se ha naturalizado, y la autoridad cree que con hacer caminatas o carreras atléticas, -como sucedió este fin de semana- es suficiente para combatir un delito que afecta a miles de mujeres y niñas en todo el mundo, y que Tlaxcala aparece como un lugar de origen, traslado o donde las mantienen por determinado tiempo.
Que desafortunada respuesta de las autoridades federales y las de Tlaxcala ante el fenómeno de la trata, pues ante dos peticiones de que se activara la alerta de violencia genero para el estado, en 2016 y 2017, y la primera petición fue por el delito de trata de mujeres y niñas, la autoridad federal dijo NO a la declaratoria de violencia de género, y además se reservó el supuesto informe que el gobierno de Tlaxcala entregó a la Conavim en mayo de 2017, y digo supuesto, porque quién sabe si exista el documento, pues extrañamente se reservó dicho informe y Anabel Alvarado, quien era Secretaria de Gobierno en ese momento y recientemente candidata al senado por el partido tricolor, no dio explicación pública alguna sobre los trabajos que coordinaba la institución que ella dirigía, para prevenir y atender este delito en Tlaxcala, luego de una serie de observaciones que le hizo un grupo de especialistas para combatir dicho fenómeno, tanto Anabel Alvarado como Florentino Domínguez no dieron ninguna respuesta al respecto.
Así mismo en los primeros meses de este año, tanto autoridades del poder ejecutivo, como legisladores y legisladoras, dijeron que declarar la alerta de violencia de genero para Tlaxcala, era dañino, porque afectaba la imagen del estado, y yo les pregunto ¿qué más se podía afectar?
¿Seguimos escondiendo el problema?
¿Se sigue considerando un hecho aislado?
¿Se sigue minimizando porque sucede en todo el mundo?
¿Afectaba a la imagen de Tlaxcala que se decretara la alerta de violencia de género?
¿Pues que afecta más?
Porque desde la semana pasada y justo ayer con motivo del Día Mundial contra la Trata, Tlaxcala ha aparecido en diversos medios nacionales y en diversas redes sociales, como una de las principales entidades de México donde se comete el delito de explotación de mujeres y niñas con fines sexuales.
¿Eso no afecta la imagen de Tlaxcala?
La agencia de Comunicación e Información de la Mujer (Cimacnoticias) publica un reportaje muy amplio de esta grave situación y lo hace con quienes han sido víctimas, y se basa además en informes de la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito (UNODC por sus siglas en inglés); del Instituto Nacional de Mujeres; y de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, que sostienen la existencia de un corredor de trata de personas en los estados de Tlaxcala-Puebla, e incluso refieren distintas rutas que utilizan los grupos delictivos para el traslado de las personas, principalmente mujeres y niñas.
Y además se asegura que en el estado de Tlaxcala, más de la mitad de municipios que lo conforman (46 de 60 municipios) familias completas se dedican a crear y fortalecer redes de captura, traslado, y explotación sexual de menores de edad en el país y en el extranjero.
¿Y ante ello, lo único que se hace en Tlaxcala para sensibilizar a la sociedad sobre el delito son caminatas y carreras atléticas??
¿Y el congreso del Estado y el Tribunal Superior de Justicia guardan silencio y no dicen que hacen al respecto?
Y además dejan solo al Instituto Estatal de la Mujer, y aparece como si fuera la única institución responsable de combatir el delito, cuando debe de ser una política pública transversal.
Mientras, la sociedad civil como la Organización Red Retoño exige que en Tlaxcala, exista una Fiscalía Especializada para la Investigación de los Delitos en Materia de Trata de Personas, un protocolo para identificar víctimas de trata, acciones en las rutas de movilidad de trata de niñas y mujeres identificadas y una base de datos sobre los tipos de violencia contra las mujeres en el territorio.
Pero no, eso parece que aun va para largo, porque en este momento hay otras cosas más importantes para las autoridades estatales y municipales, que la dignidad de las personas, hay cosas más importantes que el respeto y el ejercicio integral de los derechos humanos de las mujeres y niñas tlaxcaltecas.
























































