A propósito del día del niño que celebramos el 30 de abril, me permito compartir con ustedes esta reflexión. Los problemas a los que se enfrentan las niñas y los niños en nuestro país son muchos: la pobreza es uno de ellos, la cual limita el pleno goce de una adecuada alimentación, el acceso a la educación, a la salud, que se ve aún más limitada por las adicciones que inician cada vez más tempranamente.
Aunado a lo anterior, la violencia que surge en los diversos espacios en los que se desarrollan como la familia, la escuela, la calle entre los más importantes y por si fuera poco, las uniones tempranas y los embarazos infantiles así como el trabajo forzado son entre otras, las adversidades que deben sortear nuestros niños y niñas.
¿Pero por qué algunas y algunos de ellos logran superarlas? Porque desarrollan una adecuada resiliencia, que se define como “la capacidad que tiene el ser humano para afrontar las dificultades y adversidades de la vida, superarlas y transformarlas”[1].
Un niño o niña que enfrenta o haya enfrentado alguna adversidad será capaz de sobreponerse e incluso salir fortalecido, por eso es importante fomentar estas actividades que le ayudan a desarrollar la resiliencia:
1) Que tengan amigos y amigas, desarrollar una red familiar fuerte.
2) Enseñarles a ayudar a los demás.
3) Fijarse metas.
4) Alimentar su autoestima.
5) Fomentar una actitud positiva y una adecuada tolerancia a la frustración.
6) Promover el autoconocimiento y a saber adaptarse a los cambios.
Los niños y las niñas resilientes tienen una gran autoestima, creen en sí mismos y confían en sus capacidades, son muy seguros y tienen una gran autoconfianza; aprenden de sus propios errores y enfrentar la competencia de manera constructiva.
Poseen una gran capacidad y habilidad para resolver problemas de forma positiva; desarrollan habilidades sociales que les permiten relacionarse con las personas de su entorno. Establecen metas y poseen una actitud de proactividad que les permite alcanzarlas.
Tienen un gran sentido del humor y lo utilizan para controlar sus emociones e incluso controlar emocionalmente a los demás. Son niños y niñas que ríen mucho y manejan de forma adecuada sus emociones, especialmente del enojo y la ira. Son optimistas y generalmente mantienen sentimientos de esperanza, son fervientes creyentes en un ser o ente superior que les fomenta la idea de que es posible remontar una situación por más difícil que parezca. Son niños y niñas con una gran empatía, pueden colocarse fácilmente en el lugar de los demás y comprender lo que sienten; tienen una gran capacidad de organización y planificación[2].
Por ello, es importante
fomentar en las niñas y los niños el desarrollo de estas competencias y
habilidades, ya que es una responsabilidad que tenemos como adultos, a la par
de que debemos continuar trabajando para mejorar sus condiciones de vida.
[1] Asociación Mexicana de Psicología.
[2] Portal de educación infantil, primaria y para padres. Disponible en educapeques.com.



























































