Elizabeth Muñoz Vásquez*
18 de septiembre de 2019
Pasaron las fiestas patrias en nuestro estado y en el país y no hubo precisamente un saldo blanco. Los hechos lamentables que se suscitaron en Cuaxomulco, en donde explotó una camioneta cargada de cuetes unos minutos antes de iniciar el tradicional desfile del 16 de septiembre, que se iba a realizar en esa demarcación, nos invita a la reflexión.
El saldo de ese acontecimiento fueron daños materiales y dos personas lesionadas que se asegura se encuentran estables, aunque como sabemos después de un accidente ya nada es igual.
¿Se imagina Usted la tragedia que se hubiera suscitado si la explosión se registra en pleno desfile, donde la comunidad estaba congregada para ver a sus familiares, principalmente comunidad estudiantil que participaba en dicho evento?
Este hecho, demuestra que la sociedad tlaxcalteca no ha aprendido a ser responsable, no obstante al sin número de accidentes que se han registrado en toda la entidad por la quema de cuetes tanto en celebraciones religiosas como civiles, pero también por aquellos casos en donde han almacenado ese material de manera clandestina, sin las normas de seguridad que establece la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) o incluso no se cumple con el reglamento para la elaboración de artículos pirotécnicos.
Si vamos en busca de cifras sobre personas que han muerto o que se quedaron con alguna discapacidad por haber perdido algún miembro de su cuerpo, manos, pies, dedos, ojos o bien quedan con cicatrices de quemaduras, las cifras son sorprendentes, los daños emocionales son a veces irreparables y las pérdidas económicos son muy altas.
Tlaxcala ha vivido un sin número de accidentes por el mal uso de pirotécnica, que no se nos olvide lo sucedido en la comunidad de Jesús Tepactepec, municipio de Nativitas, en donde murieron más de una decena de personas y los heridos fueron más de 100 personas.
Otra caso reciente fue el que ocurrió el pasado mes de julio en el municipio de Ixtacuixtla y esta vez fueron tres gruesas de cohetes en el atrio de la iglesia de Santa Rosa de Lima los que explotaron, esto cuando se realizaba una celebración religiosa, hecho que dejó como saldo dos personas lesionadas por quemaduras (un menor de edad y un adulto) y siete personas más con crisis nerviosa.
Es lamentable que nos neguemos a colaborar con las autoridades, pues como se publica en diversos medios de comunicación, el pasado 4 de septiembre, el titular de Protección Civil en el estado, José Antonio Ramírez Hernández, declaró que de los 60 municipios, solamente la autoridad de Apizaco había solicitado a la Coordinación Estatal de Protección Civil (CEPC) apoyo para la quema de pirotecnia en las fiestas patrias.
El funcionario aseguró que ya habían realizado dos reuniones de trabajo con las autoridades municipales y les habían solicitado entregar los contratos de compra-venta para la quema de fuegos artificiales a más tardar el día 10 de septiembre, con el propósito de que la dependencia a su cargo informara a la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena).
La finalidad precisó, era evitar cualquier tipo de contingencia y garantizar que las personas encargadas de realizar esta actividad estuvieran debidamente preparadas, “que estén dadas de alta y cuenten con su registro ante la Sedena”, con el objetivo de celebrar fiestas patrias con saldo blanco, afirmó el funcionario.
Sin embargo, evidentemente hubo quien no obedeció o no aprendió qué medidas tomar para el traslado de esos materiales, así mismo alguien no está haciendo su trabajo y el ejemplo es Cuaxomulco, en donde el personal no tomó las medidas necesarias para el traslado de los cuetes y eso significa que el personal de la presidencia municipal “no está debidamente preparado”.
Es necesario que tanto el gobierno del estado, el gobierno federal a través de la Sedena e incluso las autoridades de la iglesia católica sean más estrictas con el cumplimiento del reglamento para el uso y quema de pirotecnia o de plano prohibirla, pues como lo dijo en su momento el obispo de Tlaxcala, Julio César Salcedo Aquino, “las personas y la Iglesia católica deben anteponer el cuidado de la vida”.
Se entiende que es una tradición el quemar cuetes, que la pirotecnia es una fuente de trabajo para cientos de personas y que para la sociedad resulta muy atractivo el espectáculo de fuegos artificiales, pero nada de esto resulta grato si no somos responsables en su manejo tanto en la fabricación, traslado y quema de los mismos.
¿Hasta cuándo vamos a aprender a ser responsables?
¿Acaso esperamos más desgracias?
¿Hasta cuándo vamos a ser responsables de nuestras propias acciones y dejar de afectar a terceros?
¡Evidentemente no aprendemos de las experiencias no gratas!
- Red Nacional de Periodistas



























































