Las mayorías parlamentarias construidas por intereses míseros, mundanos, económicos y de conveniencia nunca han sido buenas y por el contrario, los daños generados por éstas son los que prevalecen y los que se recuerdan en la memoria social por los abusos u los efectos negativos hacia los gobernantes.
En todo sistema político moderno que se precie de ser democrático, el poder del gobierno no se puede legitimar en sí mismo, sino desde la existencia y la operatividad a nivel real de la oposición, afirma César Landa, en su libro apuntes para una teoría democrática en América Latina. Sin embargo, la mayoría de nuestros legisladores de Tlaxcala han hecho todo lo contrario, es la tiranía de la mayoría la que impone voluntades y condiciones.
La figura del legislativo, en los últimos cinco trienios, ha sido colocada por los suelos, pero ahora ha caído en una especie de submundo, arrastrando hasta ahí no solo la credibilidad de quienes por tres años gozan de las mieles otorgadas por una curul y su fuero, sino la legalidad de Tlaxcala y de diversas instituciones.
La mayoría de interés que impone en el edificio legislativo ha propiciado casos aberrantes como el de la Comisión Estatal de Derechos Humanos o como el del Órgano de Fiscalización Superior, que por pugnas internas y en la búsqueda de cotos de poder, han dejado pendiente su designación hasta que se alineen sus intereses.
La aprobación de las cuentas públicas de 2015 también tendrán un nuevo blanqueó financiero, en el que pese a los múltiples excesos y desvió de recursos, así como en la violación de leyes, los diputados se alistan a validar a diestra y siniestra estados financieros de municipios y entidades paraestatales, sembrando las dudas sobre los dividendos que eso les dejará en el llamado año de Hidalgo.
Esas mayorías legislativas que imponen su voluntad sin razón ya han generado bastantes daños y peor aún, es que existe una oposición inoperante que no ha podido frenar esos abusos y sus efectos, acciones que confirman la aseveración de Karl Loewenstein: “la autoridad incluso elegida democráticamente cuando ejerce el poder sin control termina cometiendo todo tipo de exceso no solo contra sus adversarios sino también contra cualquier ciudadano.



























































